viernes, 31 de julio de 2009

el libro de los viejos dias - cap 2

Capitulo dos: lo efímero de las cosas

1

 

 

En la vieja habitación, las ropas del hombre y la mujer yacían desparramadas por el suelo, todo era tranquilidad, tal como el sol traviesa las nubes, luego de una gran tormenta. El y ella descansaban abrazados en la destartalada cama, ajenos a todo lo que afuera sucedía, hasta que un oscuro pensamiento se poso en la mente del joven amante.

 

 

“Tenemos que huir, amor mió, huir a donde sea” le dijo el amante a la mujer que a su lado dormitaba “vos y yo sabemos que merecemos mas que encuentros a escondidas, en oscuras habitaciones solo por unas horas cada dos días”.

 

 

“¿Huir?, ¿A dónde?, a donde podríamos irnos, juntos vos y yo” Le respondió la mujer, estirándose perezosamente y levantándose de la cama.

“Sabes que te seguiría a donde fuera, no aguanto la vida de esclava, de sirvienta disfrazada de esposa.”

 

 

“Entonces huyamos, salgamos de esta habitación, y aprovechemos la primera oportunidad de escape que veamos, en barco, en carreta, caminando si es necesario, pero vayámonos lejos, tan lejos que solo seamos un recuerdo.”

El hombre tenía 24 años de edad, había sido sirviente de una de las familias más ricas de la ciudad, y no le iba nada mal, hacia lo que le pedían, rápido y eficientemente, y hasta se había ganado la confianza del jefe de la familia.

 

 

Un día, la hija mayor, de 25 años, la cual había estado 6 años fuera del hogar, mas exactamente en una escuela totalmente dedicada y especializada a educar a las hijas de los ricos, volvió tras finalizar los estudios y quiso el destino que el se enamorara perdidamente de ella y que ella lo amara con locura, cuando lo vio por primera vez al entrar al hogar.

 

 

Ella era etérea, ojos como el roció de una mañana de primavera, un pelo largo que bailaba con el viento, de un rojo furioso, ardiente y explosivo, como el sol al atardecer.

El era fuerte, alto y  de movimientos elegantes, sus ojos eran profundos y tristes, y su sonrisa la hacia sonrojar y desviar la mirada.

 

 

Así se vieron mutuamente y se amaron a oscuras, en el más cómplice de los secretos.

El se llama Ian, ella Aelen.

 

 

2

 

 

Tanto en la tienda de Pinelefis, como en el puerto, en la habitación con los amante, y en la ciudad entera, un enorme temblor seguido de enormes explosiones sacudió los cimientos mismos, causando destrozos y pánico. Oscuras maquinas, lentamente habían avanzado por tierra en dirección a la ciudad, sus engranajes crujían y sus enormes chimeneas metálicas largaban un humo negro al aire con cada disparo que hacían.

 

 

Disparos, decenas de disparos y muertos, la ciudad sufría la peor tortura desde aquella que la redujo a la mitad, grandes trozos del acantilado se desprendían y caían al abismo.

Un ser extraño comandaba el ataque, sus movimientos eran lentos, no era un ser viviente, sus músculos eran mecánicos, su piel era fría, y en su respiración un humo negro era liberado.

 

“Disparen sin tregua” Dijo con su oscura voz, desprovista de toda alma, desde detrás de las infames maquinas de guerra.

“¡Corramos, larguémonos de aquí!” dijeron Elonis e Ian, al mismo tiempo, con el mismo tono, extraña casualidad que nadie advirtió.

A toda velocidad, salieron Eti, Elenis, Ian y Aelen, todos desde distintos puntos de la ciudad, pero hacia un mismo destino. Elonis y Eti, seguidos desde dos metros detrás por la silenciosa Elenis, corrían hacia el barco, a su alrededor los edificios se desmoronaban y las explosiones lanzaban trozos de roca como si fueran misiles, gente caída y muerta, llantos y gritos de agonía inundaban todo alrededor, la ciudad caía por segunda vez, como si alguien estuviera empecinado en terminar lo que hacia 100 años se empezó.

 

 

Al llegar al barco, Elonis y Eti estaban tan ocupados en intentar irse del lugar, enteros y con vida, que no se dieron cuenta que la pequeña niña también subió a bordo y se escondió dentro de una caja de madera.

“Libera las conexiones Eti, que la ciudad misma se esta yendo al infierno!. Vamos barco, mi querido amigo, no me falles ahora, justo cuando mas te nese…”

“Espere por favor” Grito una voz femenina “llévanos con usted, no podemos ir a ningún otro lado!” le siguió una voz masculina.

 

 

“Rápido, rápido suban de una vez, no podemos demorarnos mucho tiempo.”

“Gracias, muchísimas gracias” Dijo el hombre “Yo me llamo Ian y ella es mi novia Aelen.”

El barco se elevaba rápidamente hacia el este, sus pasajeros no hablaban, atrás quedaba la ciudad, destruida en su totalidad, las llamas devoraban lo que las bombas no pudieron, mientras el sol se asomaba rojo desde el norte, era como si estuviera llorando.

Las explosiones aun sonaban, una tras otra sin pausa, hasta que dejaron de sonar, y un silencio los atrapo, no se escuchaba nada, ni viento, ni gritos, ni siquiera el débil murmullo del motor del barco, todo era silencio, con excepción de un débil llanto, pequeño llanto de lágrimas aun más pequeñas.

 

 

Fue ahí cuando descubrieron a la niña Elenis, que abrazada a sus rodillas, lloraba desconsoladamente.

 

 

 el rey de los desterrados

7 comentarios:

  1. No alabare tu pluma me niego no es gusto me siento como el burro que corre detrás de la zanahoria ¬¬U
    y aora toca esperar ains que frustracion

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  2. Alex sin lugar a dudas eres bueno en lo que haces jejeje
    y como prometi no chillar ando calladita pero Iansa habla por mi jjaja

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  3. no sabia que los burros comian zanahorias, yo pense que solo era paja y azucar.

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  4. Shi shi comen zanahoria como las mulas, io he visto en el campo cuando
    se empacaban les paseaban delante de la cara zanahorias o manzanas y te seguian donde sea jujju

    Pololito ta mortal esta novela en capitulos y ese Ian me recuerda a alguien juju "el gringito payo" de Nuit

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  5. Así es tiene razón Vero comen zanahorias , manzanas , alfalfa los burritos son muy amorosos mi abuelo tenia burritos y caballos .

    Pero que me dejo con la ganas de seguir leyendo es tan cierto como que los burritos están en extincion ¬¬ muy mal Ales eres malvado creas yonkis literarios
    engachaditos a tus escritos y esperando mas dosis .
    No hay ni abrazo ni beso estoy de morros .

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