El laberinto era inmenso, cientos de kilómetros de roca gris, de escaleras
a la nada, de puertas y ventanas que daban a una pared, de habitaciones
dentro de habitaciones.
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Todos los caminos llevaban al mismo final, una inmensa grieta en la roca, que
daba paso a una oscuridad impenetrable. “no hay luz al final de este túnel”
pensó ella, mientras cruzaba el negro portal.
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Pasos que se multiplicaban infinitamente, como si un ejercito de muertos
la estuviera siguiendo; tan solo podía seguir caminando hacia delante, tanteando
con las manos la fría roca del túnel. Un escalofrío le recorrió la espalda.
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…ahí estaba, el final del túnel…
y una escalera…
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Serpenteando en espiral, la escalera se hundía más y más.
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Grito y grito, araño las paredes buscando una salida, se arranco los pelos
mientras maldecía a la muerte, que tardaba tanto en llegar.
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La muerte llego, aunque ya era demasiado tarde.
el rey de espadas
Me gusto , una visión particular de la muerte, una visión tenebrosa te dire
ResponderEliminarMe recordó a un escrito tuyo de hace tiempo
ResponderEliminarde un agujero hacia el fondo de la tierra o algo así
solo que en ese el final fue abierto .
Este es mas claustrofóbico
Bien chaval, un morboso relato donde las obsesiones quedan al descubierto
ResponderEliminarNuestro temores dan nuestras mejores obras