lunes, 13 de julio de 2009

Celebración de la fantasía - eduardo galeano - el libro de los abrazos

Celebración de la fantasía

 

Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca

del Cuzco. Yo me había desprendido de un grupo de tu-

ristas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de pie-

dra, cuando un niño del lugar, enclenque, se acercó a

pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la

lapicera que tenía, porque la estaba usando en no sé

qué aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un

cerdito en la mano.

Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras

me encontré rodeado de un enjambre de niños que exi-

gían a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus

manitos cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero que-

mado; Había quien quería un cóndor, y quien una ser-

piente, otros preferían loritos o lechuzas, y no faltaban

los que pedían un fantasma o un dragón.

Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desampa-

radito que no alzaba más de un metro del suelo, me

mostró un reloj dibujado con tinta negra en la muñeca;

-

Me lo mandó un tío mío que vive en Lima

-dijo.

-¿Y anda bien?

-le pregunté.

- Atrasa un poco

- reconoció

 

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