La burocracia /3
Sixto Martínez cumplió el servicio militar en un cuar-
tel de Sevilla.
En medio del patio de ese cuartel, había un banquito.
Junto al banquito, un soldado hacía guardia. Nadie sa-
bía porqué se hacía la guardia del banquito. La guardia
se hacía porque se hacía, noche y día, todas las noches,
todos los días, y de generación en generación los oficia-
les transmitían la orden y los soldados obedecían. Nadie
nunca dudó, nadie nunca preguntó. Si así se había he-
cho, por algo sería.
Y así siguió siendo hasta que alguien, no sé que gene-
ral o coronel, quiso conocer la orden original. Hubo que
revolver a fondo los archivos. Y después de mucho hur-
gar, se supo. Hacía treinta y un años, dos meses y cua-
tro días, un oficial había mandado montar guardia jun-
to al banquito, que estaba recién pintado, para que a
nadie se le ocurriera sentarse sobre pintura fresca
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