lunes, 3 de agosto de 2009

el libro de los viejos dias - cap 3

Capitulo 3: la guerra dentro y fuera

 

Grande fue la sorpresa de todos arriba del barco, al descubrir a la pequeña niña que lloraba aforrándose a sus piernas, llevaba puesto un vestido blanco, con tintes amarronados a causa de la suciedad, su pelo era negro, pero con pequeños mechones blancos, y sus ojos eran negros y brillantes.

 

 

 

Atrás quedaba la ciudad, la mañana amanecía fría y con viento, el barco se balanceaba lentamente siguiendo su curso y el sol no lograba calentar los cuerpos entumecidos de la sorpresa y la pena.

A lo lejos, unos pequeños puntos negros se hacían cada vez más grandes, pero nadie a bordo les prestaba atención alguna, todas las miradas estaban puestas en la pequeña Elenis, nadie hablaba, nadie sabia que decir, hasta que Aelen, acariciándole la cabeza a la niña, le hablo con una voz calida y maternal.

 

 

 

“¿Como te llamas, hace mucho que estas en este barco?”

 

 

Elenis no le respondió, solo la miro tristemente, con lágrimas aun brotándole de los ojos

 

 

“¿Qué pasa, porque estas llorando?” siguió intentándolo Aelen

 

 

“No hay caso, debe ser muda, o debe de tener mucho miedo por todo lo que paso” Dijo

Eti

 

 

“Quizás perdió a su familia en medio de las explosiones” dijo Ian, “y por miedo corrió y se refugio en este barco".

 

 

El capitán del barco, no pronuncio ninguna palabra, estaba hipnotizado mirando a la niña, con una expresión de duda y de familiaridad en su rostro. Había algo en ella que le resultaba conocido, no sabia que era, como si algo dentro de ella fuera exactamente igual a algo dentro de el.

 

 

 

Dejando de lado sus dudas, se acerco a la niña y le hablo.

 

 

“¿Cómo te llamas, pequeña niña?”

 

 

Ella lo miro, largamente, por varios segundo y con una pequeña voz, mientras se secaba las lagrimas con la manga del vestido, dijo:

 

 

“Elenis… me llamo Elenis..”

 

 

“¡Pero capitán, sus nombres son idénticos, Elonis, Elenis!, cortados con la misma tijera” Grito Etis asombrado.

 

 

“Es verdad, son muy parecidos mi nombre y el de ella, pero a de ser una casualidad, una extraña pero simple casualidad.”

 

 

“Ven Elenis, ¿te puedo llamar Ele?, debes tener mucha hambre” dijo el capitán “y también debes tener mucho frió, el cielo no es lugar para andar solo con un vestido.”

 

 

La niña dejo de llorar y siguiendo al capitán, se sentó en un pequeño banco, el sol, ya alto en el cielo, le hacia brillar el pelo y los ojos, claros como el firmamento luego de mucho llover. Al poco tiempo el capitán volvió con una manta y dos grandes panes, un poco de queso y agua.

 

 

 

Los demás, se quedaron callados y pensando, Ian abrazo fuertemente a Aelen, mientras que Eti, contemplaba el cielo que se extendía fuera del bote, su mente estaba llena de dudas y preguntas, en menos de un día, una ciudad desapareció completamente, la tripulación del barco se vio multiplicada, una pequeña niña surge de la nada y para colmo, su nombre era idéntico al del capitán.

 

 

 

Aelen estaba triste, a punto de llorar por todo lo ocurrido, había perdido su familia y ciudad, ella quería huir de ellos, no que desaparecieran completamente, y aunque en su mente el oscuro pensamiento de que ya no tenia hogar a donde volver le daba vueltas, ella lo negaba, dentro suyo albergaba la esperanza  de que sus familiares sobrevivieran al ataque y aunque ahora lo hayan perdido todo, ellos seguían vivos.

Pero por encima de todas las emociones que sentía, una enorme culpa la carcomía, ya que le aterraba la idea de que ellos pensaran que la muerta era ella.

 

 

 

Ian, sin embargo, estaba lleno de esperanzas en el futuro, su ciudad no había sido esa, y sus familia estaba muy lejos, el solo contemplaba a la mujer que tenia en brazos, el amor de su vida y a todo el mundo que se extendía delante de ellos, un mundo que hablaba, que les gritaba, que los alentaba a seguir buscando aquello que tuvieran que encontrar.

Pero el sabia lo que ella sentía, la conocía bien

 

 

 

“Yo se lo que sentís” le dijo el a ella “pero no te preocupes, que ellos están vivos, apenas aterricemos en alguna ciudad, les enviaremos una carta a cada una de las casas que ellos tienen en otras ciudades y pueblos, lo mas probable es que hayan ido a alguna de ellas.”

 

 

“Lo se amor, me alegra que a pesar de todo, estemos juntos, de cierta forma nuestro deseo se cumplo, aunque de una forma muy macabra.”

 

 

“No pienses en eso, ya veras que todo est…”

 

 

Aquellos puntos pequeños, se fueron acercando mas y mas al “dragón guerrero”, hasta tomar la terrible y visible forma de 4 maquinas voladoras, negras y blancas, llenas de engranajes y tubos que lanzaban un espeso humo negro a medida que avanzaban.

 

 

 

“capitán! capitán!, se acercan 4 maquinas, desde el oeste” grito Etis

 

 

“Etis, lleva a la niña abajo y cuídala!, Aelen, Ian, vayan a las ametralladoras que están al fondo de la nave, apunten y disparen!”

 

 

Las maquinas se separaron, rodeando al barco, el cual se movía a toda velocidad, en sig sag, evitando los disparos, la madera crujía fuertemente, como un grito de alguna bestia enfurecida, el viejo dragón había despertado.

 

 

 

El ruido era ensordecedor, el ruido de metralla se confundía con el del viento y de la madera al romperse, el viejo motor gravitatorio vibraba a toda velocidad y los poderosos gritos de guerra del capitán resaltaban por encima de todo.

 

 

 

Una de las maquinas exploto y en su caída rompió parte del casco de la nave, las balas volaban de un lado al otro y a pesar de que habían derribado a una, aun quedaban 3, las cuales se movían ágilmente, esquivando los disparos, a la ves que disparaban sin cesar.

El capitán, dirigía la nave de una forma increíble, exigiéndola hasta el extremo, haciéndola ascender a toda velocidad para luego caer en picada. Otra de las maquinarias explota y un pedazo de hierro araña el rostro de Ian, pero con tanta suerte que en medio del grito de dolor, mueve el arma y destruye otra nave enemiga más.

 

 

 

Solo quedaba una moviéndose en un sig sag frenético, escupiendo humo y balas, inmune a todo disparo proveniente del barco, hasta que el arma de Aelen, la busca, la encuentra y la derriba.

 

 

Luego vino la calma, las armas no sonaban y el barco aminoro la marcha hacia una mas tranquila, la herida de Ian no era nada grabe, “Tenes mas suerte que otra cosa chico” le dijo el capitán al verla, “Solo te quedara una cicatriz, aunque no te asustes, que será pequeña” le dijo mirando a Aelen.

 

 

 

“Quienes eran estas naves, ¿serán las mismas que atacaron la ciudad?” pregunto Aelen, ignorando el comentario

 

 

“No creo, las otras eran cañones y estas solo eran naves de reconocimiento, aunque creo que el que las dirige si es la misma persona.” Le respondió el capitán.

 

 

Atrás quedaban las naves, ya en el suelo, totalmente destruidas, el humo había sido borrado gracias al viento y la tranquilidad había vuelto, pero dentro de los tripulantes, la  duda y el miedo crecían.

 

 

 

“capitán¡” grito Etis “Ya estamos llegando al a ciudad del rió”

 

 

“Era hora, ya son pasadas el medio día, trae a Elenis y prepara las conexiones de aterrizaje.”

 

 

Lentamente el barco, descendía a la ciudad, el sol brillaba en lo alto y no había una nube en el cielo, el cual estaba totalmente celeste.

 

 

“Al final de cuentas, no es un feo día” dijo el capitán

 

 

 el rey de los desterrados

3 comentarios:

  1.    Su malévola majestad seria tan tan amable de no hacer sufrir a sus lectores 
        


      ATENTAMENTE :
       

                                    Burrito cansado de correr

    ResponderEliminar
  2. Jejeje mejor no agrego nada o me sale la impulsiva
    Más que impulsiva la vikinga

    Espero que diciembre no nos encuentre leyendo fascículos jajaja(broma interna )

    ResponderEliminar
  3. Jojo chico esta buena la novela

    Espero que llegues ileso al final pos me preocupa realmente ese punto

    Un abrazo

    ResponderEliminar