Un beso bajo la tormenta en el castillo de mis sueños de mi vida único dueño sangre, sudor y lágrimas en el lecho de muerte. a veces mala suerte nos trae de sorpresa el destino el tiempo, siempre ladino se ríe a costillas nuestras pues el siempre derrota a los humanos. miro mis impotentes manos sin encontrar respuesta miles de palabras muertas que ya no surgirán de mi alma. sin embargo en calma mi espiritu y mi corazón no he perdido la razón sólo simplemente mi camino en la rueda del destino que gira y gira sin parar vuelvo a despertar y el lobo surge hambriento y ando, que me como el mundo.
mi alma nunca morirá siempre resurgiré de mis cenizas y cuando menos se espere ahí estaré frente a frente y sin embargo invisible pero presente al acecho protector incansable fiel guerrero del silencio pendiente a los lamentos del débil y decaído que anda con el espiritu raído y suplicando una mano amiga la cual nunca negaré pues la coexistencia es la base de toda vida.
MALAKAY LONEWOLF KIERU aquel que escribe con su alma (y da señales de vida)
Por 1600 años la Guardia Nocturna había defendido el muro de Adriano de las tribus bárbaras al mando de Atrebates. La guardia de élite del imperio, marcaba el límite entre civilización y el caos, entre el orden y la anarquía. Pero la falsa sensación de seguridad, había llevado al Imperio a ensimismarse en guerras intestinas por el trono, dejando a la Guardia abandonada a su suerte.
Cuando Pertinax, el último gran guardián, veía cómo la Guardia, otrora orgullosa fuerza invencible, sin recursos y limitada a estar compuesta por viejos soldados y delincuentes que trataban de borrar su pasado, imploró al Emperador Augustus Pius mayores fondos para repotenciar la Guardia ante el feroz avance de las tribus al norte. Pero Augustus no sólo desatendió el pedido, sino que removió a una gran masa humana del muro para aplacar las sublevaciones de la capital. Pertinax, sintiendo el final cercano, trasladó al resto de su ejército de las fronteras hacia el punto neural del muro, el Castillo Eterno. Por un milenio y medio, sus paredes habían resistido el paso del tiempo y la muerte. Pero este invierno sería distinto.
La Muerte que camina, el apelativo que la Guardia le daba a Atrebates, sabía que no iba a encontrar mejor oportunidad que ésta para acabar con el Imperio, con la Guardia totalmente indefensa y abandonada a su suerte. Al caer la noche del segundo mes de invierno, una tormenta de nieve cayó sobre el castillo Eterno, como un castigo de los dioses primigenios que protegían a Atrebates. Los centinelas de la Guardia, nunca pudieron ver la lluvia de flechas que acabó con ellos. Los bárbaros trepaban los muros, mientras los viejos generales de la Guardia ordenaban verter litros de aceite hirviendo sobre sus enemigos para luego prenderles fuego. Desde una colina cercana, Atrebates contemplaba el asedio del castillo y decidió que era el momento de soltar la última carga. Desde catapultas colocadas frente a la entrada principal, cientos de animales muertos y cuerpos en descomposición fueron arrojados hacia las barracas de la Guardia. Una lluvia de muerte y putrefacción que sembró el caos entre los defensores del Imperio. Las fuerzas de Atrabates pudieron dar la estocada final y con arietes que llevaban la furia de milenios de ira y venganza, derrumbaron las puertas del hasta ese momento, indómito Castillo Eterno. Hordas de bárbaros entraron al corazón de la Guardia Nocturna, acabando con los asustados niños que conformaban sus rangos, cortándoles la cabeza para empalarlas en estacas. Pertinax, miraba estupefacto el fin de una era bañada en sangre.
Los generales de la Guardia le pidieron una retirada hacia los baluartes al sur, pero Pertinax sabía que no existía salvación ni para ellos ni para el Imperio ahora que el muro de Adriano había caído. Besó su espada, se abrió paso entre los cuerpos mutilados de sus compañeros y se lanzó contra las hachas de la Muerte que camina, buscando el fin digno del último guardián de la Eternidad.
Grande , grande un despliegue de detalles casi lo vives cuando lo lees Me alegra muchisimo que compartas tus escritos espero este sea el primero de muchos Un abrazo enorme
Tormenta y sangre Amor iracundo Transitando mis costados Al desnudo Como si la noche entera Me empapara las caderas
Traspasas los confines de mi castillo Y con el silencio Arrullado en tu pecho Marchas con vehemencia Por mi piel como cuatrera
Te figuras Mis labios abrumados Por los besos que me robas Y el insólito cabalgue de caricias Incrustadas A mi tibia intimidad
La secuela clandestina de tu boca Muerte y delirio Arrancando de mis gemidos Llenas de estrellas mi firmamento Sin que me pueda contener Me meces en pasiones seductoras
El viejo barco volador se deslizaba sin dificultad por encima de las nubes, de forma elegante, emitiendo algún que otro ruido proveniente del ya antiguo motor; debajo suyo se extiende el inmenso bosque de Velen, salvaje y hermoso, ubicado entre la ciudad portuaria de Gebol y la magnífica ciudad de Yeniel. Si todo salía bien, en menos de 1 día llegarían a destino, justo a tiempo para el inicio de los Carnavales Nocturnos. La noche, toda iluminada bajo la luz de las dos lunas gemelas, era testigo de los cuentos que la tripulación narraba; uno a uno fueron contando el suyo, algunos trágicos como el del enano Teknerfisjo, quien narro la creación, el ascenso y la caída de la antaño ciudad capital enana de Pedresgorn, ahora ocupada por seres oscuros. Ya avanzada la noche le llego el turno a la bella elfa Iwen, quien con su dulce voz y la fresca melodía de su arpa entono la siguiente canción.
Noctambula y triste Hija de la sombra Por las noches recorría Los bosques y sus escondites
Sentía dentro suyo Punzante, la daga solitaria Aferrada a su carne y su alma Entonando un canto oscuro
Quisiera el destino funesto Dar la llave que abre el candado Que me libere, pues soy una esclava De la soledad, que es mi ama
El destino llego una noche Y ella vio bajo un roble El elegante y misterioso porte Del hombre más bello de todos
Una fría mirada Que contemplaba el cielo Corazón duro de roca Era la estatua de un muerto
Pero a ella no le importo Y lo contemplo fascinada Por tanto tiempo lo vio Que la sorprendió el alba
Y cuando su blanca piel se vio Iluminada por los primeros rayos Mágicamente se transformo En una escultura de negro mármol
Y allí quedaron ella y el Juntos, de forma extraña En lo más profundo de un valle Un roble los cubre con sus ramas.
El barco siguió su curso atravesando las nubes, peregrino solitario rodeado de un mar oscuro; la noche reina y canta, para todos los que estén dispuestos a escuchar.
El viejo barco volador se deslizaba sin dificultad por encima de las nubes, de forma elegante, emitiendo algún que otro ruido proveniente del ya antiguo motor; debajo suyo se extiende el inmenso bosque de Velen, salvaje y hermoso, ubicado entre la ciudad portuaria de Gebol y la magnífica ciudad de Yeniel. Si todo salía bien, en menos de 1 día llegarían a destino, justo a tiempo para el inicio de los Carnavales Nocturnos. La noche, toda iluminada bajo la luz de las dos lunas gemelas, era testigo de los cuentos que la tripulación narraba; uno a uno fueron contando el suyo, algunos trágicos como el del enano Teknerfisjo, quien narro la creación, el ascenso y la sangrienta caída de la antaño ciudad capital enana de Pedresgorn, ahora ocupada por seres oscuros. Ya avanzada la noche le llego el turno a la bella elfa Iwen, quien con su dulce voz y la fresca melodía de su arpa entono la siguiente canción.
Noctambula y triste La hija de la sombra Por las noches recorría Los bosques y sus escondites
Sentía dentro suyo Punzante, la daga solitaria Aferrada a su carne y su alma Entonando un canto oscuro
Quisiera el destino funesto Dar la llave que abre el candado Que me libere, pues soy una esclava De la soledad, que es mi ama
El destino llego una noche Y ella vio bajo un roble A los pies de un viejo castillo El elegante y misterioso porte Del hombre más bello de todos
Una fría mirada Ojos color tormenta Corazón duro de roca Era la estatua de un muerto
Pero a ella no le importo Y beso sus secos labios Fascinada ante su encuentro El alba los sorprendió a ambos
Y cuando su blanca piel se vio Iluminada por los primeros rayos Mágicamente se transformo En una escultura de negro mármol
Y allí quedaron ella y el Juntos, de forma extraña En lo más profundo de un valle Un roble los cubre con sus ramas.
El barco siguió su curso atravesando las nubes, peregrino solitario rodeado de un mar oscuro; la noche reina y canta, para todos los que estén dispuestos a escuchar. El rey de los desterrados
El reto iv
ResponderEliminarUn beso bajo la tormenta
en el castillo de mis sueños
de mi vida único dueño
sangre, sudor y lágrimas
en el lecho de muerte.
a veces mala suerte
nos trae de sorpresa el destino
el tiempo, siempre ladino
se ríe a costillas nuestras
pues el siempre derrota a los humanos.
miro mis impotentes manos
sin encontrar respuesta
miles de palabras muertas
que ya no surgirán de mi alma.
sin embargo en calma
mi espiritu y mi corazón
no he perdido la razón
sólo simplemente mi camino
en la rueda del destino
que gira y gira sin parar
vuelvo a despertar
y el lobo surge hambriento
y ando, que me como el mundo.
mi alma nunca morirá
siempre resurgiré de mis cenizas
y cuando menos se espere
ahí estaré
frente a frente
y sin embargo
invisible
pero presente
al acecho
protector
incansable
fiel guerrero del silencio
pendiente a los lamentos
del débil y decaído
que anda con el espiritu raído
y suplicando una mano amiga
la cual nunca negaré
pues la coexistencia
es la base de toda vida.
MALAKAY LONEWOLF KIERU
aquel que escribe con su alma
(y da señales de vida)
El Fin del Orgullo
ResponderEliminarPor 1600 años la Guardia Nocturna había defendido el muro de Adriano de las tribus bárbaras al mando de Atrebates. La guardia de élite del imperio, marcaba el límite entre civilización y el caos, entre el orden y la anarquía. Pero la falsa sensación de seguridad, había llevado al Imperio a ensimismarse en guerras intestinas por el trono, dejando a la Guardia abandonada a su suerte.
Cuando Pertinax, el último gran guardián, veía cómo la Guardia, otrora orgullosa fuerza invencible, sin recursos y limitada a estar compuesta por viejos soldados y delincuentes que trataban de borrar su pasado, imploró al Emperador Augustus Pius mayores fondos para repotenciar la Guardia ante el feroz avance de las tribus al norte. Pero Augustus no sólo desatendió el pedido, sino que removió a una gran masa humana del muro para aplacar las sublevaciones de la capital. Pertinax, sintiendo el final cercano, trasladó al resto de su ejército de las fronteras hacia el punto neural del muro, el Castillo Eterno. Por un milenio y medio, sus paredes habían resistido el paso del tiempo y la muerte. Pero este invierno sería distinto.
La Muerte que camina, el apelativo que la Guardia le daba a Atrebates, sabía que no iba a encontrar mejor oportunidad que ésta para acabar con el Imperio, con la Guardia totalmente indefensa y abandonada a su suerte. Al caer la noche del segundo mes de invierno, una tormenta de nieve cayó sobre el castillo Eterno, como un castigo de los dioses primigenios que protegían a Atrebates. Los centinelas de la Guardia, nunca pudieron ver la lluvia de flechas que acabó con ellos. Los bárbaros trepaban los muros, mientras los viejos generales de la Guardia ordenaban verter litros de aceite hirviendo sobre sus enemigos para luego prenderles fuego. Desde una colina cercana, Atrebates contemplaba el asedio del castillo y decidió que era el momento de soltar la última carga. Desde catapultas colocadas frente a la entrada principal, cientos de animales muertos y cuerpos en descomposición fueron arrojados hacia las barracas de la Guardia. Una lluvia de muerte y putrefacción que sembró el caos entre los defensores del Imperio. Las fuerzas de Atrabates pudieron dar la estocada final y con arietes que llevaban la furia de milenios de ira y venganza, derrumbaron las puertas del hasta ese momento, indómito Castillo Eterno. Hordas de bárbaros entraron al corazón de la Guardia Nocturna, acabando con los asustados niños que conformaban sus rangos, cortándoles la cabeza para empalarlas en estacas. Pertinax, miraba estupefacto el fin de una era bañada en sangre.
Los generales de la Guardia le pidieron una retirada hacia los baluartes al sur, pero Pertinax sabía que no existía salvación ni para ellos ni para el Imperio ahora que el muro de Adriano había caído. Besó su espada, se abrió paso entre los cuerpos mutilados de sus compañeros y se lanzó contra las hachas de la Muerte que camina, buscando el fin digno del último guardián de la Eternidad.
woooo baalzak, eres el amo...
ResponderEliminarMagistral Baalzak , un gusto leer su relato, mi admiración a su obra
ResponderEliminarGrande , grande un despliegue de detalles casi lo vives cuando lo lees
ResponderEliminarMe alegra muchisimo que compartas tus escritos
espero este sea el primero de muchos
Un abrazo enorme
A lo Mourinho :P jejeje gracias
ResponderEliminarMuchísimas gracias por tus palabras.
ResponderEliminarTe juro que fue algo de momento :P pero igual, gracias por animarme a hacerlo y escribirlo.
ResponderEliminarTormenta y sangre
ResponderEliminarAmor iracundo
Transitando mis costados
Al desnudo
Como si la noche entera
Me empapara las caderas
Traspasas los confines de mi castillo
Y con el silencio
Arrullado en tu pecho
Marchas con vehemencia
Por mi piel como cuatrera
Te figuras
Mis labios abrumados
Por los besos que me robas
Y el insólito cabalgue de caricias
Incrustadas
A mi tibia intimidad
La secuela clandestina de tu boca
Muerte y delirio
Arrancando de mis gemidos
Llenas de estrellas mi firmamento
Sin que me pueda contener
Me meces en pasiones seductoras
Sombra
El viejo barco volador se deslizaba sin dificultad por encima de las nubes, de forma elegante, emitiendo algún que otro ruido proveniente del ya antiguo motor; debajo suyo se extiende el inmenso bosque de Velen, salvaje y hermoso, ubicado entre la ciudad portuaria de Gebol y la magnífica ciudad de Yeniel.
ResponderEliminarSi todo salía bien, en menos de 1 día llegarían a destino, justo a tiempo para el inicio de los Carnavales Nocturnos. La noche, toda iluminada bajo la luz de las dos lunas gemelas, era testigo de los cuentos que la tripulación narraba; uno a uno fueron contando el suyo, algunos trágicos como el del enano Teknerfisjo, quien narro la creación, el ascenso y la caída de la antaño ciudad capital enana de Pedresgorn, ahora ocupada por seres oscuros.
Ya avanzada la noche le llego el turno a la bella elfa Iwen, quien con su dulce voz y la fresca melodía de su arpa entono la siguiente canción.
Noctambula y triste
Hija de la sombra
Por las noches recorría
Los bosques y sus escondites
Sentía dentro suyo
Punzante, la daga solitaria
Aferrada a su carne y su alma
Entonando un canto oscuro
Quisiera el destino funesto
Dar la llave que abre el candado
Que me libere, pues soy una esclava
De la soledad, que es mi ama
El destino llego una noche
Y ella vio bajo un roble
El elegante y misterioso porte
Del hombre más bello de todos
Una fría mirada
Que contemplaba el cielo
Corazón duro de roca
Era la estatua de un muerto
Pero a ella no le importo
Y lo contemplo fascinada
Por tanto tiempo lo vio
Que la sorprendió el alba
Y cuando su blanca piel se vio
Iluminada por los primeros rayos
Mágicamente se transformo
En una escultura de negro mármol
Y allí quedaron ella y el
Juntos, de forma extraña
En lo más profundo de un valle
Un roble los cubre con sus ramas.
El barco siguió su curso atravesando las nubes, peregrino solitario rodeado de un mar oscuro; la noche reina y canta, para todos los que estén dispuestos a escuchar.
El rey de los desterrados
El viejo barco volador se deslizaba sin dificultad por encima de las nubes, de forma elegante, emitiendo algún que otro ruido proveniente del ya antiguo motor; debajo suyo se extiende el inmenso bosque de Velen, salvaje y hermoso, ubicado entre la ciudad portuaria de Gebol y la magnífica ciudad de Yeniel.
ResponderEliminarSi todo salía bien, en menos de 1 día llegarían a destino, justo a tiempo para el inicio de los Carnavales Nocturnos. La noche, toda iluminada bajo la luz de las dos lunas gemelas, era testigo de los cuentos que la tripulación narraba; uno a uno fueron contando el suyo, algunos trágicos como el del enano Teknerfisjo, quien narro la creación, el ascenso y la sangrienta caída de la antaño ciudad capital enana de Pedresgorn, ahora ocupada por seres oscuros.
Ya avanzada la noche le llego el turno a la bella elfa Iwen, quien con su dulce voz y la fresca melodía de su arpa entono la siguiente canción.
Noctambula y triste
La hija de la sombra
Por las noches recorría
Los bosques y sus escondites
Sentía dentro suyo
Punzante, la daga solitaria
Aferrada a su carne y su alma
Entonando un canto oscuro
Quisiera el destino funesto
Dar la llave que abre el candado
Que me libere, pues soy una esclava
De la soledad, que es mi ama
El destino llego una noche
Y ella vio bajo un roble
A los pies de un viejo castillo
El elegante y misterioso porte
Del hombre más bello de todos
Una fría mirada
Ojos color tormenta
Corazón duro de roca
Era la estatua de un muerto
Pero a ella no le importo
Y beso sus secos labios
Fascinada ante su encuentro
El alba los sorprendió a ambos
Y cuando su blanca piel se vio
Iluminada por los primeros rayos
Mágicamente se transformo
En una escultura de negro mármol
Y allí quedaron ella y el
Juntos, de forma extraña
En lo más profundo de un valle
Un roble los cubre con sus ramas.
El barco siguió su curso atravesando las nubes, peregrino solitario rodeado de un mar oscuro; la noche reina y canta, para todos los que estén dispuestos a escuchar.
El rey de los desterrados
Muy buenos escritos , convoco a Baalzack para que siga con el reto.
ResponderEliminarA no ser que te amilanes :P
Retroceder nunca, rendirse jamás. Ya posteo algo :)
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