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jueves, 9 de octubre de 2008
1 º y unico diario de una vampira antes de su muerte.
martes, 29 de julio de 2008
(En dos voces) una cena para dos.
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miércoles, 11 de junio de 2008
El Gato Negro ( parte II )
| La noche del d챠a en que comet챠 ese acto cruel me despertaron gritos de "징Fuego!". Las cortinas de mi casa estaban en llamas. La casa entera ard챠a. Con gran dificultad pudimos escapar del incendio mi mujer, un sirviente y yo. Todo qued처 destruido. Mis bienes terrenales se perdieron y, desde entonces, me resign챕 a la desesperaci처n. Estoy por encima de la debilidad de intentar establecer una relación de causa y efecto entre el desastre y la atrocidad que cometÃ. Me limito a detallar una cadena de hechos, y no quiero dejarme ni un posible eslabón. Al dÃa siguiente del incendio visité las ruinas. Todas las paredes, salvo una, se habÃan desplomado. La que quedaba en pie era un tabique, de poco espesor, situado en el centro de la casa y contra el cual se apoyaba la cabecera de mi cama. El yeso del tabique habÃa resistido, en gran medida la acción del fuego, cosa que atribuà a su reciente aplicación. Una apretada muchedumbre se habÃa reunido alrededor de esta pared y varias personas parecÃan examinar parte de la misma atenta y minuciosamente. Las palabras "¡extraño!, ¡raro!" y otras expresiones semejantes despertaron mi curiosidad. Me acerqué al lugar y vi, como grabada en bajorrelieve sobre la blanca superficie, la figura de un gigantesco gato. La imagen mostraba una precisión maravillosa. HabÃa una cuerda alrededor del pescuezo del animal. Al contemplar por primera vez esta aparición -porque apenas podÃa considerarla otra cosa-, mi asombro y mi terror eran extremos. Pero al fin la reflexión vino en mi ayuda. El gato, como recordé, habÃa quedado ahorcado en el jardÃn, cerca de la casa. Cuando sonó la alarma del incendio, este jardÃn fue invadido inmediatamente por la muchedumbre y alguien debÃa de haber cortado la cuerda y tirado el animal en mi habitación por la ventana abierta. Seguramente lo habÃa hecho con la intención de despertarme. La caÃda de las otras paredes habÃan empotrado a la vÃctima de mi crueldad en la masa de yeso recién aplicada, cuya cal, junto con las llamas y el amoniaco desprendido del cadáver, habÃa producido entonces la imagen tal y como yo la vi. Aunque asÃ, fácilmente, estas explicaciones calmaron mi razón, si no enteramente mi conciencia, sobre el asombroso hecho que acabo de describir, lo ocurrido no dejó de impresionar profundamente mi imaginación. Durante meses no pude librarme del fantasma del gato y en todo este periodo mi espÃritu experimentó un vago sentimiento que recordaba, sin serlo, el remordimiento. Llegué incluso a lamentar la pérdida del gato y a buscar en los envilecidos lugares que habitualmente frecuentaba otro animal de la misma especie y de una apariencia semejante, que pudiera ocupar su lugar. Una noche, mientras estaba sentado, medio borracho, en una más que infame taberna, de pronto me llamó la atención un objeto negro que yacÃa sobre la tapa de uno de los enormes toneles de ginebra o de ron, que constituÃan el principal mobiliario del lugar. Durante algunos minutos yo habÃa estado mirando fijamente la parte superior de ese tonel, y lo que me sorprendió entonces fue el hecho de no haber visto antes el objeto que se hallaba encima. Me acerqué a él y lo toqué con la mano. Era un gato negro, un gato muy grande, tan grande como Pluto y con un gran parecido a él en todos los aspectos, salvo en uno. Pluto no tenÃa ni un pelo blanco en el cuerpo, pero este gato mostraba una mancha blanca, grande aunque indefinida, que le cubrÃa casi todo el pecho. Cuando lo toqué, se levantó enseguida, empezó a ronronear con fuerza, se restregó contra mi mano y pareció encantado de mis atenciones. Este era, pues, el animal que andaba buscando. Inmediatamente propuse comprárselo al tabernero, pero esa persona me dijo que no era dueño, que no sabÃa nada del gato, y que nunca antes lo habÃa visto. Seguà acariciando el gato y, cuando me levanté para marcharme a casa, el animal se mostró dispuesto a acompañarme. Le permità que lo hiciera, y a ratos me inclinaba y lo acariciaba mientras venÃa a mi lado. Cuando estuvo en casa se acostumbró enseguida y pronto llegó a ser el gran favorito de mi mujer. Por mi parte, enseguida descubrà que surgÃa de mà una antipatÃa hacia el animal. Era exactamente lo contrario de lo que yo habÃa esperado, pero sin que sepa cómo ni porqué ocurrÃa, su evidente afecto por mà me disgustaba y me irritaba. Lentamente tales sentimientos de disgusto y molestia se transformaron en la amargura del odio. Evitaba encontrarme con el animal; una cierta vergüenza y el recuerdo de mi acto de crueldad me prohibÃan abusar de él fÃsicamente. Durante algunas semanas no le pegué ni lo maltraté con violencia; pero gradualmente, muy gradualmente, llegué a sentir una inexpresable repugnancia por él y a huir en silencio de su odiosa presencia, como si escapara de la emanación de la peste. Lo que, sin duda, aumentaba mi odio hacia el animal fue el descubrimiento, a la mañana siguiente de haberlo traÃdo a casa, de que aquel gato, igual que Pluto, habÃa perdido uno de sus ojos. Sin embargo, precisamente esta circunstancia lo hizo más querido de mi mujer, quien, como ya he dicho, poseÃa en alto grado esos sentimientos humanitarios que una vez habÃan sido el rasgo distintivo de mi temperamento y la fuente de muchos de mis más simples y puros placeres. Con mi aversión hacia el gato, su cariño por mà parecÃa a la vez aumentar. SeguÃa mis pasos con una pertinacia que me serÃa difÃcil hacer comprender al lector. Dondequiera que me sentara venÃa a agazaparse bajo mi silla o saltaba a mis rodillas, cubriéndome con sus repugnantes caricias. Si me levantaba a pasear, se metÃa entre mis pies, y asÃ, casi, me hacÃa caer, o clavaba sus largas y afiladas garras en mi ropa y de esta forma trepaba hasta mi pecho. En aquellos momentos, aunque ansiaba destruirlo de un golpe, me sentÃa, no obstante, refrenado; en parte por la memoria de mi crimen anterior, pero principalmente -déjenme confesarlo ya- por un terrible temor al animal. No era exactamente aquel temor miedo a un mal fÃsico, y, sin embargo, no sabrÃa como definirlo de otro modo. Me siento casi avergonzado de admitir, sÃ, incluso ahora, desde esta celda para criminales, casi me siento avergonzado de admitir que el terror y el horror que aquel animal me causaba habÃan sido alimentados por una de las más insignificantes quimeras que fuera posible concebir. Más de una vez, mi mujer me habÃa llamado la atención sobre el aspecto de la mancha de pelo blanco, de la cual ya he hablado, y que constituÃa la única diferencia visible entre esa extraña bestia y la que yo habÃa matado. El lector recordará que esta mancha, aunque era grande, habÃa sido al principio muy indefinida, pero, gradualmente, casi imperceptiblemente, forma de que mi razón luchó durante largo tiempo para rechazar ese cambio como imaginario, la mancha fue adquiriendo una rigurosa nitidez en sus contornos. Era la imagen de un objeto que tiemblo al nombrar -y por ello sobre todo odiaba, temÃa y me habrÃa librado del monstruo si me hubiese atrevido a hacerlo-, era, digo, la imagen de una cosa atroz, horrible, ¡la imagen del patÃbulo! ¡Oh, fúnebre y terrible máquina del horror y del crimen, de la agonÃa y de la muerte! Y entonces sentÃa de veras sobre mà una desgracia mayor que la simple desgracia humana. ¡Y pensar que una bestia, cuyo semejante yo habÃa destruido desdeñosamente, una bestia podÃa obrar sobre mÃ, sobre mÃ, un hombre creado a imagen y semejanza de Dios, tanta insufrible miseria! ¡Ay, ni de dÃa ni de noche conocÃa ya la bendición del descanso! De dÃa el animal no me dejaba en paz ni un momento, y de noche despertaba yo sobresaltado por sueños de indescriptible terror para sentir el ardiente aliento de aquella cosa en mi cara y su enorme peso -carnada pesadilla que no tenÃa yo el poder de quitarme de encima- descansando eternamente sobre mi corazón. Bajo la opresión de tormentos como éstos, sucumbió en mà el débil vestigio del bien. Ya mis únicos acompañantes Ãntimos eran pensamientos malvados, los más oscuros y los más malignos pensamientos. El mal humor de mi disposición habitual creció hasta convertirse en un odio a todas las cosas y a toda la humanidad; y mi mujer, que de nada se quejaba, era la más habitual y más paciente vÃctima de las repentinas, frecuentes e incontrolables explosiones de furia a que me abandonaba entonces ciegamente. Un dÃa ella me acompañó, cuando iba a algún quehacer doméstico, al sótano de la vieja casa donde nuestra pobreza nos obliga a vivir. El gato me siguió mientras bajaba la empinada escalera y casi me hizo caer cabeza abajo, lo cual me exasperó hasta la locura. Alzando un hacha y olvidando, en mi rabia, el temor infantil que hasta entonces habÃa detenido mi mano, lancé un golpe que hubiera causado la muerte instantánea al animal, de haber caÃdo como deseaba. Pero la mano de mi mujer detuvo el golpe. Provocado por su intervención, estalló en mà una rabia más que demonÃaca; logré soltar mi brazo de su mano y le hundà el hacha en la cabeza. Cayó muerta a mis pies, sin un quejido. Consumado el horrible asesinato, me dediqué deliberadamente a la tarea de ocultar el cuerpo. SabÃa que no podÃa sacarlo de casa, ni de dÃa ni de noche, sin correr el riesgo de que los vecinos me vieran. Se me ocurrieron varias ideas. Por un momento pensé cortar el cadáver en pequeños trozos y destruirlos con el fuego. En otro momento decidà cavar una tumba en el suelo del sótano. Luego consideré si debÃa arrojarlo al pozo del jardÃn, y, con los trámites normales, llamar a un mozo de cuerda para que lo retirase de la casa. Por fin, encontré lo que me pareció un recurso mucho mejor que cualquiera de estos. Decidà emparedar el cadáver en el sótano, tal como se cuenta que los monjes de la Edad Media hacÃan con sus vÃctimas. Para un propósito semejante el sótano era idóneo. Las paredes no habÃan sido sólidamente construidas y se le habÃa aplicado una capa de yeso basto, que la humedad del ambiente no habÃa dejado endurecer. Además, en una de las paredes habÃa un saliente, motivado por una falsa chimenea, que se habÃa rellenado de forma que se pareciera al resto del sótano. No tenÃa dudas de que fácilmente podÃa quitar los ladrillos de esa parte, introducir el cadáver y taparlo todo como antes, de manera que ninguna mirada pudiera descubrir nada sospechoso. Y mis cálculos no me desilusionaron. Con una palanca saqué fácilmente los ladrillos, y después de colocar con cuidado el cuerpo contra la pared interior, lo apuntalé en esa posición y casi sin dificultad volvà a colocar los ladrillos en la forma original. Después de procurarme argamasa, arena y cerda, preparé con la mayor precaución posible un yeso que no se podÃa distinguir del antiguo, y revoqué cuidadosamente, de nuevo, el enladrillado. Cuando acabé, me sentà satisfecho de que todo hubiera quedado bien. La pared no mostraba la menor señal haber sido alterada. Recogà del suelo los desechos con el más minucioso de los cuidados. Triunfante, miré alrededor y me dije: "AquÃ, por lo menos, no he trabajado en vano." Mi paso siguiente consistió en buscar a la bestia que habÃa sido la causa de tanta desdicha; porque al fin me sentà resuelto a matarla. Si hubiera podido encontrar el gato en ese momento, su destino habrÃa quedado para siempre sellado; pero, por lo visto, el astuto animal, alarmado por la violencia de mi anterior acceso de cólera, se negaba a presentarse mientras yo siguiera de mal humor. Es imposible describir, ni imaginar, el profundo y dichoso sentimiento de alivio que la ausencia del odiado animal trajo a mi pecho. No apareció aquella noche, y asà al menos durante la noche, por primera vez desde su llegada a la casa, pude dormir profunda y tranquilamente; ¡sÃ, pude dormir, incluso con el peso del asesinato sobre mi alma! Pasaron el segundo y el tercer dÃa, y aún no volvÃa mi atormentador. Una vez más respiraba como un hombre libre ¡El monstruo aterrorizado habÃa huido del lugar para siempre! ¡No volverÃa a verlo jamás! ¡Mi felicidad era suprema! La culpa de mi negro acto me molestaba poco. Se habÃan hecho algunas indagaciones, pero éstas hallaron respuesta sin dificultad. Incluso habÃan registrado mi casa, pero por supuesto, no se descubrió nada. Yo consideraba asegurada mi felicidad futura. Al cuarto dÃa, después del asesinato, un grupo de policÃas entró en casa intempestivamente y procedió otra vez a una rigurosa investigación. Seguro de que mi lugar de ocultación era inescrutable, no sentà la menor inquietud. Los agentes me pidieron que los acompañara en su registro. No dejaron ningún rincón ni escondrijo sin explorar. Al fin, por tercera o cuarta vez, bajaron al sótano. No me temblaba ni un solo músculo. Mi corazón latÃa tranquilamente como el de quien duerme en la inocencia. Me paseaba de un lado a otro del sótano. Crucé los brazos sobre el pecho y me puse a dar vueltas despreocupadamente. Los policÃas quedaron totalmente satisfechos y se disponÃan a marcharse. El júbilo de mi corazón era demasiado fuerte para ser reprimido. ArdÃa en deseos de decirles, al menos, una palabra como prueba de triunfo, y de asegurar doblemente su certidumbre sobre mi inocencia. -Caballeros-dije, por fin, cuando el grupo subÃa la escalera-, me alegro de haber disipado sus sospechas. Les deseo a todos felicidad, y un poco más de cortesÃa. Por cierto, caballeros, esta es una casa bien construida- en mi rabioso deseo de decir algo con naturalidad no me daba completa cuenta de mis palabras- me permito decir que es una casa de excelente construcción. Estas paredes (¿ya se marchan ustedes, caballeros?), estas paredes son de gran solidez- y entonces, empujado por el puro frenesà de mis bravatas, golpeé pesadamente con el bastón que llevaba en la mano sobre esa misma parte de la pared de ladrillo detrás de la cual se hallaba el cadáver de la esposa de mi alma. ¡Qué Dios me proteja y me libre de las garras del archidemonio! Apenas se habÃa silenciado la repercusión de mis golpes, cuando ¡una voz me contestó desde dentro de la tumba! Un quejido, al principio ahogado y entrecortado como el sollozar de un niño, que luego creció rápidamente hasta transformarse en un largo, fuerte y continuo grito, totalmente anómalo e inhumano, un aullido, un quejumbroso alarido, mezcla de horror y triunfo, como sólo pudiera surgir en el infierno, al unÃsono, de la garganta de los condenados en su agonÃa y de los demonios gozosos en la condenación. Hablar de mis propios pensamientos de entonces es un disparate. Desmayándome, di unos tambaleantes pasos hacia la pared de enfrente. Por un instante el grupo de hombres, en la escalera, quedó inmóvil, preso de un extremo y espantoso terror. Al momento, una docena de fuertes brazos trabajaban en la pared. Cayó de una pieza. El cadáver, ya muy corrompido y cubierto de sangre coagulada, apareció erguido ante los ojos de los espectadores. Sobre su cabeza, con la roja boca abierta y el solitario ojo como de fuego, estaba agazapada la horrible bestia cuya astucia me habÃa inducido al asesinato y cuya voz delatora me entregaba ahora al verdugo. ¡HabÃa emparedado al monstruo en la tumba! El gato negro fue escrito en 1842, apareci처 en Filadelfia en 1843, en el Saturday Evening Post. Edgar Allan Poe |
El Gato Negro (parte I)
| No espero ni pido que nadie crea el extravagante pero sencillo relato que me dispongo a escribir. Loco estar챠a, de veras, si lo esperase, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Sin embargo, no estoy loco, y ciertamente no sue챰o. Pero ma챰ana morir챕, y hoy quiero aliviar mi alma. Mi prop처sito inmediato es presentar al mundo, clara, sucintamente y sin comentarios, una serie de episodios dom챕sticos. Las consecuencias de estos episodios me han aterrorizado, me han torturado, me han destruido. Sin embargo, no tratar챕 de interpretarlos. Para m챠 han significado poco, salvo el horror, a muchos les parecer찼n m찼s barrocos que terribles. En el futuro, tal vez aparezca alguien cuya inteligencia reduzca mis fantasmas a lugares comunes, una inteligencia m찼s tranquila, m찼s l처gica y mucho menos excitable que la m챠a, capaz de ver en las circunstancias, que detallo con temor, s처lo una sucesi처n ordinaria de causas y efectos muy naturales. Desde la infancia me distinguÃa por la docilidad y humanidad de mi carácter. La ternura de mi corazón era incluso tan evidente, que me convertÃa en objeto de burla para mis compañeros. Sobre todo, sentÃa un gran afecto por los animales, y mis padres me permitÃan tener una gran variedad. Pasaba la mayor parte de mi tiempo con ellos y nunca me sentÃa tan feliz como cuando les daba de comer y los acariciaba. Este rasgo de mi carácter crecÃa conmigo y, cuando ya era hombre, me proporcionaba una de mis principales fuentes de placer. Aquellos que han sentido afecto por un perro fiel y sagaz no necesitan que me moleste en explicarles la naturaleza ni la intensidad de la satisfacción asà recibida. Hay algo en el generoso y abnegado amor de un animal que llega directamente al corazón de aquel que con frecuencia ha probado la mezquina amistad y frágil fidelidad del hombre. Me casé joven y tuve la alegrÃa de descubrir que mi mujer tenÃa un carácter no incompatible con el mÃo. Al observar mi preferencia por los animales domésticos, ella no perdÃa oportunidad de conseguir los más agradables de entre ellos. TenÃamos pajaritos, peces de colores, un hermoso pero, conejos, un mono pequeño y un gato. Este último era un hermoso animal, notablemente grande, completamente negro y de una sagacidad asombrosa. Al referirse a su inteligencia, mi mujer, que en el fondo era un poco supersticiosa, aludÃa con frecuencia a la antigua creencia popular de que todos los gatos negros eran brujas disfrazadas. No quiero decir que lo creyera en serio, y sólo menciono el asunto porque lo he recordado ahora por casualidad. Pluto - Tal era el nombre del gato- era mi predilecto y mi camarada. Sólo yo le daba de comer y él me acompañaba en casa por todas partes. Incluso me resultaba difÃcil impedir que me siguiera por las calles. Nuestra amistad duró, asÃ, varios años, en el transcurso de los cuales mi temperamento y mi carácter, por medio del demonio Intemperancia (y enrojezco al confesarlo), habÃan empeorado radicalmente. DÃa a dÃa me fui volviendo más irritable, malhumorado e indiferente hacia los sentimientos ajenos. Me permitÃa usar palabras duras con mi mujer. Por fin, incluso llegué a infligirle violencias personales. Mis animales, por supuesto, sintieron también el cambio de mi carácter. No sólo los descuidaba, sino que llegué a hacerles daño. Hacia Pluto, sin embargo, aún sentÃa el suficiente respeto como para abstenerme de maltratarlo, como hacÃa, sin escrúpulos, con los conejos, el mono, y hasta el perro, cuando por accidente, o por afecto, se cruzaban en mi camino. Pero mi enfermedad empeoraba- pues ¿qué enfermedad es comparable con el alcohol?-, y al fin incluso Pluto, que entonces envejecÃa y, en consecuencia se ponÃa irritable, incluso Pluto empezó a sufrir los efectos de mi mal humor. Una noche, al regresar a casa, muy embriagado, de uno de mis lugares predilectos del centro de la ciudad, me imaginé que el gato evitaba mi presencia. Lo agarré y, asustado por mi violencia, me mordió levemente en la mano. Al instante se apoderó de mà la furia de un demonio. Ya no me reconocÃa a mi mismo. Mi alma original pareció volar de pronto de mi cuerpo; y una malevolencia, más que diabólica, alimentada por la ginebra, estremeció cada fibra de mi ser. Saqué del bolsillo del chaleco un cortaplumas, lo abrÃ, sujeté a la pobre bestia por la garganta y ¡deliberadamente le saqué un ojo! Siento vergüenza, me abraso, tiemblo mientras escribo de aquella condenable atrocidad. Cuando con la mañana mi razón retornó, cuando con el sueño se habÃan pasado los vapores de la orgÃa nocturna, experimenté un sentimiento de horror mezclado con remordimiento ante el crimen del que era culpable, pero sólo era un sentimiento débil y equÃvoco, y no llegó a tocar mi alma. Otra vez me hundà en los excesos y pronto ahogué en vino todo recuerdo del acto. Entretanto, el gato mejoraba lentamente. La cuenca del ojo perdido tenÃa, sin duda, un aspecto horrible, pero el animal no parecÃa sufrir ya. Se paseaba, como de costumbre, por la casa; pero, como era de esperar, huÃa presa del pánico cuando me acercaba a él. Aún quedaban en mi, al principio, gran parte de mis antiguos sentimientos como para sentirme agraviado por la evidente antipatÃa de un animal que una vez habÃa querido tanto. Pero ese sentimiento pronto cedió paso a la irritación. Y en entonces se presentó, como para mi derrota final e irrevocable, el espÃritu de la PERVERSIDAD. La filosofÃa no tiene en cuenta a este espÃritu. Sin embargo, estoy tan seguro de que mi alma existe como de que la perversidad es uno de los impulsos primitivos del corazón humano..., una de las facultades o sentimientos primarios indivisibles, que dirigen el carácter del hombre. ¿Quién no se ha encontrado cien veces cometiendo una acción malvada o tonta por la simple razón de que sabe que no debÃa cometerla? ¿No tenemos una tendencia permanente, en contra de nuestro buen sentido, a transgredir lo que constituye la Ley, simplemente por el hecho de serlo? Este espÃritu de la perversidad, como he dicho, causó mi derrota final. Era aquel insondable anhelo que tenÃa el alma de acosarse, de violentar su propia naturaleza, de hacer el mal por el mal mismo, lo que me empujó a continuar y finalmente a consumar el agravio que habÃan infligido al inocente animal. Una mañana, a sangre frÃa, le pasé un lazo por el pescuezo y lo ahorqué en la rama de un árbol, lo ahorqué mientras lágrimas me brotaban de los ojos y el más amargo remordimiento me apretaba el corazón; lo ahorqué porque sabÃa que me querÃa, y porque creÃa que no me habÃa dado motivos para sentirme ofendido; lo ahorqué porque sabÃa que al hacerlo cometÃa un pecado, un pecado mortal que pondrÃa en peligro mi alma, que la llevarÃa- si ello fuera posible- más allá del alcance de la misericordia del Dios más misericordioso y más terrible. |
jueves, 29 de mayo de 2008
cuentos de luna llena (version del sire)
| Te vi cuando una ni챰a eras, todas la noches jugando bajo los cerezos, cantando, danzando bajo petalos de sakura. Pero aun no era tiempo de acercarme, de aparecer en tu vida. Eras como una flor que aun tenia que brotar para verla en su esplendor. Hasta que llego el momento de entrar en tu vida. Te vi caminar a tu habitacion, te seguia sin que me sintieras. Y, al estar detras tuyo, quedaste paralizada, llena de desesperacion. Solo giraste para clavarme una daga en el pecho que nunca senti. La saque de mi corazon, pero la sangre no broto de este cuerpo muerto. Tire la daga al suelo, y te abraze para calmar tu dolor. Para sentirme junto a mi, en esta primera vez. Saque de mi ropa una flor de loto que tenia reservado para tiy la puse entre tus manos. Te mira fijamente, gire y me perdi en medio de los cerezos del jardin, porque aun no era el inicio para nuestro tiempo. Supe de tu boda, pero no me afecto, porque tu vida seria mia para siempre. Te espere bajo los cerezos, porque sabia que vendrias a este lugar. Camino hacia ti, me detengo para verte, sonreirte, mas no me temes. Te estrecho en mis brazos, para que sientas este mundo de una manera diferente. Me rasgo la mu챰eca, para que bebas toda mi vida, para que nos unamos en un vinculo eterno. Saciada tu sed nos sentamos bajo los cerezos, para iniciar nuestro inusual acto de amor. Te quedaste dormida y al oido te dije: "vete conmigo mas ya no pertenecer찼s hasta este mundo jam찼s , ven conmigo a recorrer las 챕pocas futuras ,mas el dolor de ver partir a tus seres queridos ser찼 horrible ven y deja todo atr찼s yo te dar챕 un futuro eterno". Luego, de mis palabras, me levante, deje una flor de loto blanco en tus manos y parti, para volvernos a ver en otra ocasion. Pasaron varias a챰os, extra챰andote, pero el momento de verte de nuevo habia llegado. Tu mortal esposo habia muerto. Tu debias ahora vivir en eternidad a mi lado. Fui a buscarte, te vi en tu habitacion. Entre como una leve brisa que acaricio tu cuerpo, para despertar en ti, aquello que sentiste aquella vez. Te entregaste a mi, como la primera vez, saciamos nuestro apetito carnal, envueltos en lujuria, pasion. Sabias que debias hacer en este momento, romper todo vinculo con lo mortal. Te espere desde los cerezos, para observar como acometias con todos ellos. Luego veniste a mi, para marcharnos definitivamente hacia nuestro lugar. En lo alto del hotel, observas el cielo y me dices: 쩔Que bella luna?, Cierro el libro que leia, me acerco, te beso en la mejilla, para decir: no mas bella que tu, ahora seras mia por la eternidad.
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domingo, 25 de mayo de 2008
Cuentos de luna llena (inspirado en un sueño que tuve una noche)
Sol챠a mirar la luna, hace tiempo, hace unos siglos, hace una vida, cuando este g챕lido coraz처n aun lat챠a, y sent챠a, sent챠a nostalgia y tambi챕n amor, tristeza y una inmensurable pasi처n.
Como cada noche ,jugaba y so챰aba en el jard챠n de mi padre ,bajo los cerezos ,retozaba ,y cantaba sin ninguna raz처n aparente ,danzaba entre los p챕talos de sakura sin nada de miedo pues sabia que nada malo pod챠a pasar ,no ah챠 en el palacio de mi otosan(padre),quien era un se챰or importante ,no entre sus muros que siempre me han cobijado .
Sin medir peligros flotando en mi kimono, con el cabello suelto, caminaba recogiendo flores y lanz찼ndolas al cielo ofreci챕ndoselas a Tsukiyomi (diosa de la luna) y tambi챕n a su hermano Susanowo (dios del viento) que juntos alegraban mi vida haciendo un espect찼culo de anochecer y p챕talos que jam찼s olvidare.
Nunca borrare de mi memoria este capitulo de mi propia historia ,pues seria borrar mi 첬nico deseo de vivir, la 첬nica esperanza de nacer una ves mas en plenitud al amor, a sentir la tibieza de la realidad , a desear una ves mas.
Sin saber que la historia cambiaria para mi, una joven delicada, de aspecto se챰orial y educada bajo los rigurosos ojos de su otosan, pues mas que una hija querida solo era una inversi처n a futuro para el ,el que era todo poderoso que dominaba la vida de los aldeanos y mas extenuante la m챠a propia ,que mi alma presa de estos muros y envuelta en preciosa seda tenia un precio.
La noche avanzaba al igual que mis fuerzas pues ya era tarde y la luna aun fija en el firmamento profesaba algo que yo no esperaba, que era solo para mi y mi entumecido cuerpo pues las horas descalzas ya estaban haciendo estragos en mis blancos pies, asi que me dirig챠 hacia mis aposentos que afortunadamente quedaban frente al jard챠n de cerezos, para admirarlos cada ma챰ana, cada tarde y cada noche antes de dormir, desde ni챰a que hacia eso jam찼s me cansaba de mirarlos jam찼s.
Al caminar hacia mi habitaci처n, un fri처 enorme recorre mi espina, casi no puedo respirar, mas se que algo o alguien esta ah챠, detr찼s mi처, y mis piernas no responden, mi voz en una sensaci처n sin sonido algunos .no es nada, mas mi poco valor se antepone a mi af찼n por huir
Saque mi daga de entre mis ropas y voltee con los ojos cerrados y la inserte en algo que estaba ah챠, lo que esta ah챠 no se movi처 ni un cent챠metro, mi daga perforo su cuerpo mas no se movi처 nada, de nada.
Mis lagrimas empezaban a florecer cuando saco la daga de su pecho y nada de sangre salio de el .mas mi espanto fue tal que quise correr y el me tomo entre sus brazos para acomodarme en su pecho, un abrazo que poco apoco fui sintiendo mi처 tambi챕n, que dec챠a algo sin palabra alguna, que sent챠a y me lo trasmit챠a sin nada de temor.
Mas el se separo de mi y saco de entre sus ropas una flor de loto blanco que me obsequio sin palabras y yo sin titubear acepte entre asombro y miedo, no se creo que fue la 첬nica ves que me regalo algo.
Luego de ese episodio el se alejo perdi챕ndose entre los cerezos del jard챠n y el manto de la noche ayudo que su figura se perdiera en la distancia, casi flotando mas sus pies no se ve챠an mover, lo 첬nico que divise fueron sus ropas, mas pens챕 por un instante que era un se챰or feudal, y su espada ratifico mi suposici처n, no era mas que un hombre.
Corr챠 a casa y entre dejando las sandalias en la puerta, mika, mi nana entro al segundo y dijo: ni챰a, que tarde y ud todav챠a despierta si su otosan la encuentra afuera de seguro se gana un buen rega챰o, mas los sermones de nana terminaban siempre en una gran sonrisa, despu챕s de eso me arropo ,y salio hablando sola.
No pod챠a dormir y miraba la flor con detenimiento, delicadamente la tomaba mas su exquisita forma era de admirar por mucho tiempo mas, despu챕s de mirarla tanto me dorm챠.
A la ma챰ana siguiente nana me despert처 de un golpe y dijo desesperada: ni챰a lev찼ntate ya, tu otosan a invitado a un se챰or importante y ha solicitado tu presencia,
징징징Que a m챠 y por que!!! ,nana me desvest챠a y pon챠a un nuevo kimono ,pero ya nana deja ,me volteaba para todos lados y no dejaba que huyera de ella .luego un grito alerto a m챠 madre que estaba afuera y entro preguntando que pasaba ,nana dijo con indignaci처n: la se챰orita no se quiere levantar ni peinar ,ya nada deja eso ,aahaha d챕jame ya ,징징LISTO!!
Ya esta, m챠 cara estaba estirada y no sabia que pasar챠a con migo luego de eso me llevaron a rastras , tras la puerta corrediza me arrodille y baje mi cabeza y mis manos hasta el suelo ,como era la costumbre ,para después entrar a su presencia ,mas me vio y me dio un discurso que yo no se que venia pero lo escuche para no provocar su ira ,mas el me explico que ya tenia 18 años y que era hora de agrandar la familia y que le diera nietos ,no sabia que decir nunca había conocido hombre alguno para comprometerme le replique ,mas eso no es inconveniente dijo el con aires de superioridad, alguien ya ah venido a pedir tu mano y se la he concedido ,el es takashi –dono (dono, titulo de nobleza de los señores feudales) quien amable mente ha venido para esta entrevista formal, después un silencio sepulcral ni una palabra salio de mi boca ,solo una indignación que clavaba hasta los huesos y de pronto una figura de entre las sombras salio ,abandonando las tinieblas y acerc찼ndose a mi pare verme de mas cerca , se inclino un poco hasta tocar mi oreja con sus labios y me dijo en tono de iron챠a :ser챕 gentil el d챠a de nuestras nupcias ,mas yo no soporte tanto atrevimiento y Sal챠 de la estancia corriendo sin ninguna cautela ,el miraba la salida ,mi padre intentando disculparme con aquel se챰or , entrando como desesperada a mi habitaci처n ,a llorar ,solo llorar y desear con todo mi coraz처n que la muerte me llevara que un demonio me llevara a sus aposentos y me arrancara el alma para siempre ,y ese deseo ya hab챠a sido concedido sin haberlo pedido , y aun mas ,la esperaba de nuevo .
Esa noche se levanto descalza una ves mas y con su cabello negro suelto al viento y un kimono rojo mal atado camino hacia los cerezos una ves mas ,en su rostro lagrimas de dolor pues seria entregada a un hombre que ni siquiera conoc챠a y yo ........no pod챠a estar feliz por eso .
La noche esta silenciosa como siempre, solo mi respiraci처n ,un momento.... ah챠 alguien mas aqu챠 lo siento ,lo huelo y deseo que lo este ,mas miro y no esta no lo encuentro ,unos pasos ,crujir de ramas ... tras de mi el me mira ,esta ah챠 ,me volteo y lo miro su rostro p찼lido y su sonrisa siniestra deja entre ver sus colmillos ,no me dan miedo mas su intensa mirada deja ver un color carmes챠 que invita a acercarse a, tocarlo ,a ser parte de el .
Nos abrazamos no dijo ni una sola palabra mas no me importo en lo absoluto solo quer챠a sentirme amada, y a si lo sent챠.
Los p챕talos comenzaron a arremolinarse a danzar para nosotros el me tomo entre sus brazos fuerte, y sin mas advertencia sacio su sed de mi no con mi cuerpo sino con mi sangre un 챕xtasis ,se mezclo mis fantas챠as ,mis recuerdos y mis sufrimientos que no hab챠as sido muchos ,y lo ultimo la decisi처n de casarme ,luego en un acto de despego a la vida se rasgo la mu챰eca y me dio de su vitae mas yo succione con fuerza ,luego de este inusual acto de amor retozamos bajo los cerezos en la alfombra de naturaleza rosa ,de terciopelo en migajas , retozamos hasta que el me dijo ,vete con migo mas ya no pertenecer찼s hasta este mundo jam찼s , ven con migo a recorrer las 챕pocas futuras ,mas el dolor de ver partir a tus seres queridos ser찼 horrible ven y deja todo atr찼s yo te dar챕 un futuro eterno ,no entend챠 nada de nada ,mas un sue챰o cre챠 yo estar viviendo he intente despertar ,al intentar abrazarlo el ya no estaba ,se hab챠a ido pero no sin antes dejar una flor de loto blanco para mi, una muestra de que le importaba ,
A la siguiente noche no volvi처 ,y la siguiente tampoco ,semanas pasaron y las esponsales llegaron yo era un atado de nervios ,mas mi padre estaba tan feliz y a m챠 que me llevaba el diablo ,solo deseaba que el viniese y me llevara con el mas eso no paso , la boda se llevo acabo y el me llevo a su casa la servidumbre estaba de rodillas en reverencia ,no conoc챠a a nadie y no hab챠an permitid que mika viajara conmigo , takashi-san ,ahora dime takashi ya somos esposos 쩔es lo que corresponde no? Bueno takashi ,quiero descansar ,claro dijo el con complacencia ,en unos minutos te alcanzo , indico a una empleada que me acompa챰ara y despu챕s de dejarme en el dormitorio principal se fue bajando la cabeza ,mas yo no dejaba de pensar en el, el , no pod챠a dejar de pensar en el ,por kami-sama no pod챠a y llore mirando el atardecer con mi traje de novia aun sin sacar , llore de desesperaci처n y nadie lo supo ,de pronto en el umbral de la puerta estaba takashi con cara de lobo , no sabia nada de la vida ,ni mi madre me hab챠a instruido pues dec챠a que eran cosas indecorosas , que eso se le dejaba a los hombres pues ellos son los que mandan en todos los aspectos ,al recordar eso tembl챕 y es se acercaba dent찼ndose el obi ,mas mis miedo no pude contener y llore frente a el ,el dijo que promet챠a que no me har챠a da챰o ,que seria gentil como lo prometi처 y me tumbo el cobertor , comenz처 a desatarme el kimono blanco ,yo lloraba en silencio ,mis lagrimas hac챠an que se corriera mi maquillaje ,y las lagrimas negras ca챠an sobre el cobertor blanco mientras me hacia suya a la fuerza ,por que nunca olvidare esa tarde ,fui tan infeliz, la mujer mas infeliz de la tierra .
Mientras me hacia suya un instinto animal recorri처 mis labios y le mord챠 el cuello, el gimi처 de placer, mas yo no sabia lo que hacia, mi desesperaci처n se calmaba con cada gota de vitae que de el succionaba, hasta que desfalleci처, y yo mas viva que nunca sent챠 un poder que no hab챠a sentido nunca.
Al pasar los meses ,las cosas empezaron a cambiar , no soportaba ver el sol y en las noches como tantas otras me manten챠a despierta mirando la luna en le jard챠n d mi esposo ,en el puentecito del lago de los patos ,so챰aba despierta ,los sirviente hablaban de una rara enfermedad que me aquejaba y mi esposo hizo llamar a los mejores m챕dicos mas ninguno pod챠a dar con el diagnostico correcto ,me pasaba las noches despierta y los d챠as enclaustrada en mi habitaci처n ,pero a un as챠 mi esposo desahogaba su libido con migo ,y yo aprovechaba de robar su vitae sin ninguna resistencia ,pobre iluso cre챠a que me gustaba ,mas solo era un instrumento para mantenerme viva hasta que el regresara , y as챠 pasaban los a챰os y takashi quer챠a un heredero mas yo no pod챠a quedar el cinta ,la soluci처n una concubina se lo dar챠a y yo tendr챠a que cuidarlo como mi처 ,as챠 eran las costumbres , y as챠 fue ,mas el ni챰o crec챠a y takashi se hacia viejo ,yo segu챠a igual ,segu챠a teniendo 18 a챰os eternamente , hasta que un d챠a ........
Ya pasados 30 a챰os takashi agonizaba nunca hab챠a sido malvado con migo y siempre supo en lo que me hab챠a convertido ,pues su amor era verdadero y me cuidaba ,me dijo: manabu ,cuida a este chico que ser찼 tu compa챰챠a mientras viva ,tenlo bajo tu mando y te servir찼 mas eres su madre .Nunca le he querido replique ,no me obligues a tenerlo aqu챠 , Por favor manabu quien te hizo eso te abandono hace mucho tiempo solo te quedan los sirvientes de la familia Yamamoto la cual ganaste al casarte con migo ,no los alejes de ti ,ser찼n tu 첬nica compa챰챠a mientras dure tu maldici처n ,Mis lagrimas carmes챠 rodaron por mis mejillas , por que no me lo dijiste antes le grite ,por que ahora .
Llore ante su cad찼ver inerte y le cerr챕 los ojos con las manos , mas mi pesar era infinito una ves mas estaba sola ,
Aquella noche ,mientas el cuerpo de takashi era honrado en la habitaci처n contigua ,una brisa entro por la ventana ,arrolladora ,me quito el kimono como si nada y una ves mas sent챠 las caricias de takashi mas no era el ,sino un viejo recuerdo que haba regresado , no sabia que decir ni que sentir ,hab챠a esperado tanto por el ,que me deje llevar por la magia ,la locura ,el dolor ,la soledad, la ira y la lujuria ,nos hicimos uno nuevamente ,nos hicimos nuestros en cuerpo y sangre ,salvajemente ,sin medir ninguna clase de consecuencia nada de remordimientos esta noche era nuestra . Despu챕s de acabado el acto tome la espada de takashi camine por la casa cual 찼ngel de dios daba sentencia a los vivos y mate a todos en la casa, los sirvientes, a los hermanos, hasta su supuesto hijo.
Nadie quedo, solo el silencio.
Luego de eso me cambie el kimono de luto y se lo pude aun cad찼ver de una sirvienta ,la coloque sobre el cuerpo de takashi y roci챕 de aceite la casa , la hice arder como un dia mis pasiones ardieron ,no por takashi ,sino por aquel desconocido que una flor de loto me obsequio, encend챠 la casa las llamas envolvieron la residencia ,mas nadie corri처 a auxiliarlos ,ya nadie segu챠a con vida , me aleje con mi amado , y viajamos lejos muy lejos ,aun porto la espada de takashi ,aun recuerdo la manera en que me miro por primera vez , aun recuerdo la primera vez que fui suya y el rencor que guarde por ese acto ,ahora miro la luna una ves mas , desde lo alto de un hotel , 쩔que bella luna no? Le pregunto a mi amado que entre libros esta sumergido el se levanta y me besa la mejilla ,Pero no mas bella que tu jajaja solo me limito a re챠r ,recordando las lluvia de p챕talos ,mis cerezos ,mi vida ,solo limito a contemplar la luna y mira el bello paisaje ,la torre del reloj , la casas ,el bullicio ,
Solo me limito a vivir una vida que ahora si es m챠a por completo, que es una no vida.
viernes, 2 de mayo de 2008
domingo, 27 de abril de 2008
Maldita resucitare
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El calor de tu roja sangre me llamo y me ato a cada célula que corrÃa en ella, Esta noche cuando cierre mis ojos tambi챕n te cerrare todas las puertas de mi vida, Esta noche no morir챕 m찼s por ti, no arder찼n m찼s cenizas por ti, Ma챰ana cuando un nuevo sol aparezca te habr찼s ido para siempre, si deseas Sombra |
sábado, 26 de abril de 2008
amor lejano
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ESTANDO A SOLAS EN LA ALCOBA DEL CASTILLO, CERRE MIS OJOS, ME PREGUNTE A MI MISMO: 쩔QUE ESTO QUE SIENTO EN MI PECHO? 쩔QUE ES ESTE FUEGO QUE ME QUEMA SIN DETENERSE?
ESTAS PREGUNTAS DAN VUELTAS POR MI CABEZA NO PUEDO ENCONTRAR RESPUESTAS A ESAS DUDAS, SOLO SE QUE DESDE QUE TE VI CON TU VESTIDO DE BLANCO NO PUEDO EVITAR DEJAR DE PENSAR TAN SOLO EN TI.
HAS ENTRADO PROFUNDAMENTE EN MIS VENAS, RECORRES MIS CUERPO TODO EL TIEMPO, MI MENTE ES SOLO TUYA, TAN SOLO TUYA, SABER QUE ESTAS BIEN, ME HACE VIVIR MEJOR.
NO DUDARIA EN DARTE MI CUELLO PARA QUE LO MUERDAS, TODA MI SANGRE TE PERTENECE, MI CORAZON LATE POR TI, MI VIDA ES SOLO TUYA, SIN TU EXISTENCIA NO PODRIA VIVIR.
TAL VEZ LA RESPUESTA SEA ESTA: TE AMO MUJER DE LA OSCURIDAD, MI CONDESA TE AMO DESDE LO MAS PROFUNDO DE MI CORAZON, ESA ES UNA VERDAD QUE NO TE LA PUEDO OCULTAR. |
jueves, 24 de abril de 2008
Luna escarlata (un momento que espero )
Luna escarlata, noche de sombras
Noche fr챠a, caminar pausado, deslice mi mano por tu contorno de plata
Llore sola, no cab챠a alegr챠a en este g챕lido 처rgano,
Pero hoy tu n챠vea figura no estaba pura,
Anunciabas placer, pues tu aroma a lujuria denotaba en el aire,
Solo yo sent챠a que no estabas sola,
Soledad regalo inalcanzable para muchos, que en esta noche no disfrutabas
Pues el te miraba, implorando tu presencia,
Noche t챕trica donde dos almas miraban la misma esfera, que rogaban tu atenci처n
Pero a ti no te interesaba el
Ella quiso deshacerse de aquel ser que la admiraba desde su desierto, desde su 찼rida morada,
As챠 que jugaba a enamorarlo, le gustaba la iron챠a y el sufrimiento ajeno,
Decidi처 deslizar su voluntad y abandonarnos a nuestra suerte,
Decidi처 juntar nuestros cuerpos en una esfera de espacio, tiempo dejarnos morir en soledad.
Ca챠 en un sopor, deje de vivir, de so챰ar de respirar, un manto negro cubri처 mis ojos una voz desconocida gritaba m nombre,
No me pude resistir, no sab챠a decidir,
Despert챕, en un solitario lugar en una especie de burbuja inmortal,
Ah챠 estaba el, el pr챠ncipe que contempl처 la luna desde su negro corcel,
Dormido en el suelo, so챰ando con el cielo, deseando tocar las estrellas con una inmortal gu챠a,
Abri처 sus ojos, sus tristes ojos igual o m찼s desorientado que yo preguntaba su destino,
M찼s no pude contestar a sus preguntas, pues ya no sabia que era verdadero.
La atm처sfera era calida, mis miedos ya no estaban, su mirada tranquila me apaciguaba el alma,
Su caminar delicado no cab챠a en mis historias, de caballeros andantes y batallas devastadoras,
Solo sent챠a una inmensa familiaridad una alegr챠a innata que no sab챠a explicar,
Solo sent챠a que ya lo conoc챠a que seria un cambio en nuestras tenebrosas vidas.
Nos miramos largo rato, decidi처 se, me pregunto mi nombre y si deseaba contestarle,
Lo mire admiraba pues no pens챕 jam찼s, que un elegante caballero me llegase a contemplar,
Y contenta le respondí “si deseo conversar”.
Nos re챠amos de todo nunca paso nada igual, le dec챠a siempre altiva no se que nos pasara, cada ves que lo repet챠a mi coraz처n se entristec챠a,
El dijo “pues no puedo asegurarte que hoy salgamos vivos, lo único que prometo es no arrepentirme de lo que hoy he sentido,
Mi cuerpo se movi처 solo, mis manos heladas tomaron su rostro, mis labios tomaron la horma de los suyos suavemente, deslice mis manos por su espalda caliente, en ese momento supe que estaba vivo, y tome su cuello para hacerlo mi처.
Éxtasis, lujuria inundaron este momento y la luna esperando nuestro triste sufrimiento, mas no pensó que en lugar de matarnos nos hizo un favor a inesperadamente juntarnos
Lo hice mi처 cuantas veces quise, vibramos cada ves que nos toc찼bamos, gemidos y caricias fueron nuestro abrigo, pero la envidia de la luna seria un presidio, nos juzgar챠a por algo que nunca propiciamos, pero nuestro amor ser찼 su propio calvario.
Salimos de ese lugar no se como, lo lleve a mi lugar favorito, un eco sin retorno,
Miramos la luna que sola ahora estaba pues a los dos que no quer챠a y que despu챕s con su locura juntara, la contemplaban juntos, y se compadec챠an de su maldita sonata,
Solo miraban, solo observaban a la luna escarlata, sola y desamparada.
domingo, 20 de abril de 2008
Isocromía.
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miércoles, 16 de abril de 2008
Todo Cambió....
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