Mostrando entradas con la etiqueta pǿåмǻlðiю. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pǿåмǻlðiю. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de enero de 2012

Oscuridad te nombro

 

Extraña señora de la noche…

que extiende sus alas rotas, a la luz de la luna…

Cubriéndome de plumas,

negras y grises,

desamparando mi ser,

colocándolo en un aprieto,

loco o maléfico,

tal vez solo es, sentimientos

inconsecuentes,

tal vez solo sentimiento…

que mas da,

estamos bendecidos…

Bendecidos por este noviembre sincero,

lleno de sangre de luna enmarcada en nuestros cuerpos…

tu dices venganza,

yo digo utensilio..

tu dices idiota, yo estupefacto…

no son aquellas cosas de la vida.

las que no llenan el alma?

no son aquellas cosas,

del alma las que llenan nuestra sed de venganza.. ?

Seres nocturnos somos…

tu mi presa yo la tuya…

embauquémoslos en esta nostalgia..

Llena de deseos profanos,

que nos llena la luna…

a escondidas te veo,

por esa rendija que deja tu corazón,

desnuda vulnerada, protegida,

como mil agujas en mi corazón acribillado en dolor,

enmohezco, lleno de sátira y desilusión

estúpido ser soy,

a la hora de creer,

en profanas leyendas,

del ayer,

mas allá ,

llegaré y un profano amor daré

sin esperar nada a cambio…

porque oscuros seres somos..

Y la obscuridad de la noche nos ampara,

para llenar nuestra hambre…

hambre psicológica,

la cual llena el espíritu..

Al besar sin contacto tu boca..

Donde los mas valientes se alborotan,

y el mas sublime florece,

donde yo muero,

y a la vez nazco mas valiente..

Esta bien, divirtámonos..

Con este amor psicológico

lleno de efectos fisiológicos..

De toda índole,

donde nuestros corazones palpitan..

Sin siquiera rozarnos..

Donde lo físico,

pasa a ser superficial…

donde lo psicológico paranormal..

Donde acabamos ambos..

Siendo una fuente,

de versos de amor y de muerte…

querida amada mía,

que me llevas la noche,

y me escondes de día,

donde los sentimientos florecen y se deshacen,

si fuéramos frágiles,

nos dolería,

mas bien ese dolor intenso..

Toda mi vida,

lo soportaría..

Una larga prosa,

la escrita,

mas nuestra leyenda lo es mas,

ya que al parecer no termina,

nuestros cuerpos son solo el transporte,

de lo que nos mueve realmente.

Es por eso,

que nuestra solemne mente,

no es comprendida de día

ya que la oscuridad nos acaba llevando,

a nuestra lejana y dulce letanía…

“Todos tenemos algo roto dentro nuestro, por eso todos somos demonios. ¿No es este mundo un verdadero infierno?”

Makoto Shishio

 

 

miércoles, 18 de enero de 2012

Tú no sabes amar


Tú no sabes amar; ¿acaso intentas
darme calor con tu mirada triste?
El amor nada vale sin tormentas,
¡sin tempestades... el amor no existe!

Y sin embargo, ¿dices que me amas?
No, no es el amor lo que hacia mí te mueve:
el Amor es un sol hecho de llamas,
y en los soles jamás cuaja la nieve.

¡El amor es volcán, es rayo, es lumbre,
y debe ser devorador, intenso,
debe ser huracán, debe ser cumbre...
debe alzarse hasta Dios como el incienso!

¿Pero tú piensas que el amor es frío?
¿Que ha de asomar en ojos siempre yertos?
¡Con tu anémico amor... anda, bien mío,
anda al osario a enamorar los muertos!

Julio Flórez


lunes, 16 de enero de 2012

Boda Negra

 

                                                                                 
                                         


Oye la historia que contóme un día
el viejo enterrador de la comarca:
era un amante a quien por suerte impía
su dulce bien le arrebató la parca.



 Todas las noches iba al cementerio
a visitar la tumba de la hermosa;
la gente murmuraba con misterio:
es un muerto escapado de la fosa

 



 En una horrenda noche hizo pedazos
el mármol de la tumba abandonada,
cavó la tierra... y se llevó en los brazos
el rígido esqueleto de la amada.



 Y allá en la oscura habitación sombría,
de un cirio fúnebre a la llama incierta,
dejó a su lado la osamenta fría
y celebró sus bodas con la muerta.


Ató con cintas los desnudos huesos,
el yerto cráneo coronó de flores,
la horrible boca le cubrió de besos
y le contó sonriendo sus amores.



Llevó a la novia al tálamo mullido,
se acostó junto a ella enamorado,
y para siempre se quedó dormido
al esqueleto rígido abrazado

Julio Flórez

                                                                                                                                                                                                                                                

                                                                                                                                               

miércoles, 13 de julio de 2011

Georg Trakl

 


.

Georg Trakl (nace el 3 de febrero de 1887, en Salzburgo, Austria; y muere el 3 de noviembre de 1914, en Cracovia, Polonia) fue un poeta , uno de los iniciadores de las vanguardias y el expresionismo literario.

Tras una infancia serena, que pasó jugando con su hermana menor Gretl (nacida en 1891), aprendiendo música (ambos hermanos tocaban juntos el piano) y literatura, terminó por iniciar una relación incestuosa con su hermana que marcó seriamente el resto de su vida.


Tras cursar el gymnasium (los estudios medios) en el Salzbug Staatsgymnasium donde estudió principalmente griego, latín y matemáticas, en 1904 no pudo superar el examen final. En ese mismo año inició decididamente su actividad poética. En 1905 comenzó a trabajar en una farmacia llamada Zum Weißen Engel ("El ángel blanco", cuya denominación parece obedecer a la venta de cocaína, droga entonces legal). El hecho de tener a su alcance diversas sustancias psicotrópicas facilitó el desarrollo de su drogadicción.
Acentuó su cultura literaria leyendo a su admirado Hölderlin, y además a Baudelaire, Nietzsche, Rimbaud, Maeterlinck, Dostoievsky, Ibsen y Strindberg; inició una vida bohemia al formar parte del círculo poético Apollo; en esa época redactó también artículos para el diario local Salzburger Volkszeitung

Tras lograr concluir los estudios del Gymnasium se inscribió en la Universidad de Viena donde cursó la carrera de farmacia y obtuvo en 1910 el diploma de Magister Farmaciae (maestro farmacéutico)

Regresó a Salzburgo en septiembre de 1911 y en 1912 obtuvo un empleo en el hospital militar de Innsbruck, en donde conoció a Ludwig von Ficker, fundador de la revista Der Brenner .Una revista de vanguardia literaria en la que en mayo del citado 1912 publicó varias de sus principales poesías; por estas contribuciones empezó a gozar de un cierto reconocimiento público.

En julio de 1913 publicó en Leipzig una primera recopilación de sus Gedichte (Poesías); sin embargo, drogadicto y alcohólico como era, padecía frecuentes crisis depresivas y le era imposible lograr un trabajo que no abandonara. Marchó a Berlín para reencontrarse con Gretl

En 1914 fue reclutado para luchar en la Primera Guerra Mundial como oficial médico; su participación en la batalla de Grodek (actual Horodok en la Galitzia ucraniana) implicó que debiera asistir sin medicinas a noventa heridos graves; esto agravó su depresión, le ocasionó una grave crisis nerviosa y le provocó su primer intento de suicidio, motivo por el que fue internado el 7 de octubre de 1914 en un manicomio de Cracovia; allí escribió uno de sus poemas más conocidos, ("Grodeck"), redactó su propio testamento (en que dejaba a su hermana Gretl una importante suma de dinero ) Se suicidó el 3 de noviembre de 1914 con una sobredosis de cocaína. Su amigo Von Ficker lo describió así:
"Siempre se le hacía difícil arreglárselas con el mundo exterior, al tiempo que iba ahondándose cada vez más en el manantial de su creación poética... Bebedor y drogadicto empedernido, jamás le abandonaba su porte noble, de un temple espiritual fuera de lo común; no hay hombre que haya podido verle jamás tambalearse siquiera, o ponerse impertinente cuando bebía, si bien, a horas avanzadas de la noche, su forma de hablar, por lo demás tan delicada y como rondando siempre un mutismo inefable, se endurecía a menudo con el vino de una manera peculiar y, entonces, podía aguzarse en una malicia relampagueante...

 

Desde 1953 existe en Austria el Premio Georg Trakl de literatura

                                                                                                                                                               

 

 

"Este tiempo respira lágrimas más oscuras, / perdición cuando el corazón del que sueña/ rebosa de arrebol del crepúsculo, / de la melancolía de la ciudad humeante, un áureo frescor orea al caminante/ al extranjero, desde el cementerio, /como si un cadáver delicado lo siguiese en la sombra."


Siete cantos a la muerte

 

 

Azulada muere la primavera; bajo sedientos árboles,
              camina un ser oscuro en el ocaso
              escuchando la dulce queja del mirlo.
              Silenciosa aparece la noche, con un venado sangrante
              que se abate lentamente en la colina.
             
              La húmeda brisa mece la rama del manzano en flor,
              se desata plateado lo que estuvo unido,
              muriendo con ojos nocturnos; estrellas que caen;
              dulce canto de la infancia.
             
              Iluminado bajó el durmiente por el bosque negro,
              murmuraba una fuente azul en la distancia
              cuando él levantó sus pálidos párpados
              sobre su rostro de nieve.
             
              La luna espantó un rojo animal
              de su guarida,
              y el oscuro lamento de las mujeres murió en suspiros.
             
              Radiante levantó sus manos hacia su estrella
              el blanco forastero;
              y silencioso abandona un muerto la casa derruida.
             
              Oh la imagen corrupta del hombre;
              fundida con fríos metales,
              noche y espanto de bosques sumergidos
              y el ardor del animal solitario;
              quietud de las corrientes del alma.

             
La barca sombría lo llevó por cauces fulgurantes,
              llenos de estrellas púrpuras, y se inclinó
              apacible sobre él la verde rama,
              como una blanca amapola desde sus nubes de plata.

             
Tendida en el bosque de  avellanos
              juega con sus estrellas.
              El estudiante, quizá un doble,
              la sigue con la vista desde la ventana.
              Detrás de él está su hermano muerto,
              o tal vez baja por la vieja escalera de caracol.
              A la sombra de los pardos castaños
              palidece la figura del joven novicio.
              El jardín está en el ocaso.
              En el claustro revolotean murciélagos.
              Los hijos del portero dejan de jugar
              y buscan el oro del cielo.
              Acordes finales de un cuarteto.
              La pequeña ciega corre temblando por el camino
              y después su sombra va a tientas por muros fríos,
              rodeada de cuentos y leyendas sagradas.
             
              Hay un navío vacío que al atardecer
              desciende por el negro canal.
              En las tinieblas del viejo asilo caen ruinas humanas.
              Los huérfanos yacen muertos junto al muro del jardín.
              De alcobas en penumbra
              surgen ángeles con alas manchadas de barro.
              Gotean gusanos de sus párpados amarillentos.
              La plaza de la iglesia es sombría y silenciosa
              como en los días de la infancia.
              Sobre pies de plata se deslizan antiguas vidas
              y las sombras de los condenados
              descienden hacia las aguas suspirantes.
              En su tumba juega el mago blanco con sus serpientes.
             
              Silenciosos sobre el calvario
              se abren los dorados ojos de Dios.

domingo, 27 de febrero de 2011

Edgar Allan Poe

Edgar Allan Poe

 Y el cuervo


Edgar Allan Poe y la figura del cuervo, están tan intrínsecamente unidos que es difícil ver una representación gráfica del maestro sin el cuervo a su lado.
Tanto es así, que su negra y alada figura le siguió hasta la tumba, y no es una frase hecha como podéis ver en la primera imagen de esta entrada.

Poema EL CUERVO
                                                                                                                                       
En una noche pavorosa, inquieto
releía un vetusto mamotreto
cuando creí escuchar
un extraño ruido, de repente
como si alguien tocase suavemente
a mi puerta: «Visita impertinente
es, dije y nada más » .
II

¡Ah! me acuerdo muy bien; era en invierno
e impaciente medía el tiempo eterno
cansado de buscar
en los libros la calma bienhechora
al dolor de mi muerta Leonora
que habita con los ángeles ahora
¡para siempre jamás!

III
Sentí el sedeño y crujidor y elástico
rozar de las cortinas, un fantástico
terror, como jamás
sentido había y quise aquel ruido
explicando, mi espíritu oprimido
calmar por fin: «Un viajero perdido
es, dije y nada más ».

 

IV
Ya sintiendo más calma: «Caballero
exclamé, o dama, suplicaros quiero
os sirváis excusar
mas mi atención no estaba bien despierta
y fue vuestra llamada tan incierta...»
Abrí entonces de par en par la puerta:
tinieblas nada más.

V

Miro al espacio, exploro la tiniebla
y siento entonces que mi mente puebla
turba de ideas cual
ningún otro mortal las tuvo antes
y escucho con oídos anhelantes
«Leonora » unas voces susurrantes
murmurar nada más.

VI

Vuelvo a mi estancia con pavor secreto
y a escuchar torno pálido e inquieto
más fuerte golpear;
«algo, me digo, toca en mi ventana,
comprender quiero la señal arcana
y calmar esta angustia sobrehumana »:
¡el viento y nada más!


 

 

VII

Y la ventana abrí: revolcando
vi entonces un cuervo venerando
como ave de otra edad;
sin mayor ceremonia entró en mis salas
con gesto señorial y negras alas
y sobre un busto, en el dintel, de Palas
posóse y nada más.

VIII

Miro al pájaro negro, sonriente
ante su grave y serio continente
y le comienzo a hablar,
no sin un dejo de intención irónica:
«Oh cuervo, oh venerable ave anacrónica,
¿cuál es tu nombre en la región plutónica? »
Dijo el cuervo: «Jamás ».

IX

En este caso al par grotesco y raro
maravilléme al escuchar tan claro
tal nombre pronunciar
y debo confesar que sentí susto
pues ante nadie, creo, tuvo el gusto
de un cuervo ver, posado sobre un busto
con tal nombre: «Jamás ».


X

Cual si hubiese vertido en ese acento
el alma, calló el ave y ni un momento
las plumas movió ya,
«otros de mí han huido y se me alcanza
que él partirá mañana sin tardanza
como me ha abandonado la esperanza »;
dijo el cuervo: «¡Jamás! »

XI

Una respuesta al escuchar tan neta
me dije, no sin inquietud secreta,
«Es esto nada más.
Cuanto aprendió de un amo infortunado,
a quien tenaz ha perseguido el hado
y por solo estribillo ha conservado
¡ese jamás, jamás! »

XII

Rodé mi asiento hasta quedar enfrente
de la puerta, del busto y del vidente
cuervo y entonces ya
reclinado en la blanda sedería
en ensueños fantásticos me hundía,
pensando siempre que decir querría
aquel jamás, jamás.

 


XIII

Largo tiempo quedéme así en reposo
aquel extraño pájaro ominoso
mirando sin cesar,
ocupaba el diván de terciopelo
do juntos nos sentamos y en mi duelo
pensaba que Ella, nunca en este suelo
lo ocuparía más.

XIV

Entonces parecióme el aire denso
con el aroma de quemado incienso
de un invisible altar;
y escucho voces repetir fervientes:
«Olvida a Leonor, bebe el nepenthes
bebe el olvido en sus letales fuentes »;
dijo el cuervo: «¡Jamás! »

XV

«Profeta, dije, augur de otras edades
que arrojaron las negras tempestades
aquí para mi mal,
huésped de esta morada de tristura,
dí, fosco engendro de la noche oscura,
si un bálsamo habrá al fin a mi amargura »:
dijo el cuervo: «¡Jamás! »


 

XVI

«Profeta, dije, o diablo, infausto cuervo
por Dios, por mí, por mi dolor acerbo,
por tu poder fatal
dime si alguna vez a Leonora
volveré a ver en la eternal aurora
donde feliz con los querubes mora »;
dijo el cuervo: «¡Jamás! »

XVII

«Sea tal palabra la postrera
retorna a la plutónica rivera,»
grité: «¡No vuelvas más,
no dejes ni una huella, ni una pluma
y mi espíritu envuelto en densa bruma
libra por fin el peso que le abruma! »
dijo el cuervo: «¡Jamás! »

XVIII

Y el cuervo inmóvil, fúnebre y adusto
sigue siempre de Palas sobre el busto
y bajo mi fanal,
proyecta mancha lúgubre en la alfombra
y su mirada de demonio asombra...
¡Ay! ¿Mi alma enlutada de su sombra
se librará? ¡Jamás!


 

miércoles, 31 de marzo de 2010

MARCHA FÚNEBRE

MARCHA FÚNEBRE

He aquí el día funesto llegó.
Esa brillante luz se apagó.
Rota la vida alegre
que corría por los campos.
Una veces vestido de demonio,
otras, vestido de santo.

A ambos lados las gente llora.
De sus ojos lágrimas asoman,
mientras dicen su último adiós
a aquel que significó algo
en sus vidas y corazones.

El desfile empieza
y todos rinden su saludo y despedida.
Una mujer con la mirada perdida,
hundida en la congoja de su culpa.
siente como caen las lágrimas por sus mejillas
como si fuera la pulpa
de una fruta podrida y carcomida.

Cómo hubiese sido mejor
dar marcha atrás en el tiempo
y cambiar ese horrible momento
en el que las palabras hirieron
a aquel ser lleno de amor.

Ahora, se ha quedado sola,
sin el ser que mas la amaba.
¿Quién la amará como la amaba aquel?
¿Quién la abrazará como el la abrazaba?

Mientras en esto cavilaba
su llanto surge nuevamente.
el, ya no volverá a besarla,
el, ya no volverá a abrazarla.
Si tan sólo no hubiese sido tan cruel.
tal vez, el estaría allí, ahora mismo,
junto a ella, dándole su apoyo.

Ahora tiene que ver
como su mas preciado tesoro
se hunde entre el mar de gente.
Mientras ella se zambulle
en la profunda soledad.
Aquella soledad en donde ella lo sumió.
Ahora esa misma soledad es parte de ella.

En aquella marcha fúnebre,
ella por fin comprendió
lo que es realmente el amor.
Pero ahora es muy tarde.
Ya no le podrá decir lo mucho que lo amaba.
Ya no va a poder decirle,
lo arrepentida que se siente,
de abandonarlo a su suerte.

Y allí,
en aquella marcha fúnebre,
ella se desplomó.
Tomo la decisión
de acompañarlo hasta el final.
Tomó la decisión
de no abandonarlo jamás.

Al final
la marcha fúnebre
se convirtió en una cita,
donde el destino final
sería el último sepulcro.

Y allí me hallo tendido,
acostado en mi sepulcro,
siendo principal testigo,
de mi propia marcha fúnebre.



MALAKAY LONEWOLF KIERU
AQUEL QUE ESCRIBE
 CON SU ALMA

miércoles, 3 de junio de 2009

Leopoldo María Panero:un poeta maldito del siglo XXI

                                                                                                    

Leopoldo María Panero
Un poeta transgresor :el poeta maldito del siglo XXI
 


 
 
 
Panero; poeta, narrador y ensayista español nacido en Madrid en 1948. Hijo del poeta Leopoldo Panero y hermano de Juan Luis Panero, también poeta, mostró desde muy pequeño su interés por la poesía. A los dieciseis años, fascinado por la izquierda radical, ingresó al entonces prohibido Partido Comunista, cuya militancia le valió su primera estancia en prisión.
 
 
 
Parece ser que fue Pere Gimferrer, en aquel tiempo delfín de la nueva poesía española, quien recomendó encarecidamente a Manuel Casarena la publicación de "Por el camino de Swan". Pero Leopoldo María Panero, el joven autor que se descubriera en aquellos versos dados a la estampa en Málaga en 1968, poco o nada tenía que ver con su padrino. Incluidos ambos con posterioridad en la hoy legendaria antología de José María Castellet "Nueve novísimos poetas españoles" (Barral, 1970), lo que para Gimferrer era sorpresa, fascinación ante la belleza, para Panero era desesperación ante la irremediable pérdida de la infancia.

En los más de 30 años transcurridos desde entonces, mientras el resto de sus compañeros de generación han pasado ha engrosar el parnaso de la excelencia de nuestras letras, Panero se ha convertido en el único poeta maldito que ha conocido nuestra literatura en ese tiempo. Mientras los otros ganaban premios, ocupaban cargos y debatían en las tertulias de los distintos medios de comunicación, Panero languidecía en cárceles, manicomios y sórdidas pensiones. "Mal puedo vender la ruina de mi conciencia o mi desastre al mejor postor. Me conformo con escribirla porque sólo eso no muere, sólo eso nos salva de la muerte", apuntaba en la contraportada de "Antología" (Ediciones Libertarias, 1985).

Una saga de poetas

Hijo de Leopoldo Panero (1909-1962), sobrino de Juan Panero (1908-1937) y hermano de Juan Luis Panero (1942), todos ellos poetas de sugerente voz, Leopoldo María Panero nació en Madrid en 1948. Al igual que tantos descendientes de los prohombres del régimen franquista –su padre, pese a haber estado a punto de ser fusilado a comienzos de la guerra por los nacionales como consecuencia de su amistad con destacados poetas comunistas, terminó por alistarse en las tropas de Franco para acabar, ya en los años 50, siendo director del Instituto de Cultura Hispánica–, el joven Panero se siente fascinado por la izquierda radical. Vive pues con la pasión que corresponde la aventura de la clandestinidad. Su militancia antifranquista constituirá el primero de sus grandes desastres y le valdrá su primera estancia en prisión.

Drogas y manicomio


De aquellos años jóvenes datan también sus primeras experiencias con las drogas. Desde el alcohol hasta la heroína, a la que dedicaría una impresionante colección de poemas en 1992, ninguna le es ajena. Según comenta él mismo en la película "El desencanto", dirigida por Jaime Chávarri en 1976, fue uno de los primeros consumidores de ácido lisérgico que hubo en Madrid. No obstante, se engañan quienes piensan que sus viajes a los paraísos artificiales los que le llevaron al manicomio por primera vez. Es el resquebrajamiento de un paraíso tan verdadero como la infancia y, sobre todo –como con tanto acierto apunta Rosa María Pereda en "Joven Poesía Española" (Cátedra, 1979)– la exacerbación de la lectura, lo que –si es que verdaderamente la ha perdido– hace a Panero perder la razón. Las voces que oye nuestro poeta nada tienen que ver con esas otras que agobian a los desequilibrados entre los que vive desde hace más de 15 años. En los oídos de Panero susurran Lewis Carroll, Edgar Allan Poe, James M. Barrie, H. P. Lovecraft...


«Forzar la vida»

Es por ello que sus constantes reclusiones no le impiden desarrollar una copiosa bibliografía no sólo como poeta, sino también como traductor, ensayista e incluso narrador. Mientras va de la antigua prisión madrileña de Carabanchel al manicomio de Cienpozuelos y de éste al de Mondragón, convencido siempre de que "la vida hay que forzarla", lo que invariablemente acaba traduciéndose en un irremediable intento de autodestrucción, sus distintas entregas aparecen con regularidad. A partir de la segunda de ellas,
"Así se fundó Carnaby Street (Ocnos, 1970), donde se incluye su célebre poema "Deseo de ser piel roja", la melancolía de los mitos de su infancia corre pareja a un experimentalismo apasionado. Así aparecen "Teoría" (Lumen, 1973), "Narciso o el acorde último de las flautas" (Visor, 1979), "Last River Together" (Ayuso, 1980), "Dioscuros" (Ayuso, 1982), “El último hombre" (Ediciones Libertarias, 1984)... Su obra narrativa incluye "En lugar del hijo" (Tusquets, 1976) y "Dos relatos y una perversión" (Ediciones Libertarias, 1984). Entre sus versiones de distintos autores anglosajones destacan las de Lewis Carroll: "La matemática demente", "La caza del Snark", etcétera.

De una u otra manera, todas sus páginas, hasta sus traducciones, son autobiográficas. La autocontemplación, junto a esa ya aludida autodestrucción, es otra de las claves de su obra. Más de 30 años después de la publicación de sus primeros versos, Leopoldo María Panero no sólo es el único poeta maldito de nuestro panorama literario, sino también el transgresor por antonomasia de nuestras letras. No en vano, la biografía que su singular experiencia inspiró recientemente lleva por título "El contorno del abismo".
 
De su obra rescato estos dos poemas
                                                                                                                                                              

 Eve

Porque hiciste mi gesto eterno supe
que eras la muerte: porque ella sólo podía
amarme si no había
hombres para mí, vivos:
sólo ella podía amarme:
y supe también que tú eras
la muerte, y que me amabas.
El rostro de la Humanidad era
para mí el de nadie: como para ella,
como para ti: eres negra y no quieres
nada de lo que vive y no sabe
hasta morir que te desea.

Y vi a través de ti, cómo surgían
y surgen cabezas de la tierra helada:
cabezas, yelmos, corazas, espadas
es el fruto que cosecha la tierra en este a ño
que tanto recuerda al Último, al siguiente,
y me amaste porque yo lo veía, porque
veía crecer ya en el huerto el fruto
monstruoso que incorporaba en sí
todo dolor e injusticia y desastre
y me dijiste: «He aquí mi primer hijo
yo que nada sabía del ridículo gesto
de nacer» y agregaste:
«Este reirá de todo,
y lo encenagará todo con
el veneno de su risa mortal:
cuando no haya nadie
que recuerde cómo se reía, este reirá»

Y te reíste de mí, como mi madre
al ver que yo había nacido de ella.
Tan inmenso
era el frío en las ciudades
que algunos sabían que no era locura
ni es, creer que caerán sobre mí
o seré yo el que caiga al morir sobre tu cuerpo.
Pero en el frío crecían
seguían creciendo -la peor de las alfombras de césped
los huesos y la carne de los soldados
que crecían sobre la tierra helada. Y me dijiste
«ellos no tendrán miedo, porque están
muertos, lo mismo que tú que me amas,
a mí que soy negra
como la vida e hice una piedra de tu gesto»
Y los muertos brotaban sobre la tierra húmeda
-cabezas, yelmos, corazas y espadas
porque la Muerte se había hecho vida.
Y pregunté
-te pregunté entonces-: «Será mi alma buen
alimento para perros?»
Y contestaste: «no esperes
que ella sirva para otra cosa: aquella
fue creada
y pensada lo mismo que tu cuerpo y huesos para
nutrición de los perros finales -lo mismo
que tu palabra. «Y ¿nada he de esperar?» «Nada»
Y vi como espadas y corazas y yelmos
surgían sobre el campo más yermo.

 
El Noi Del Sucre
 
Tengo un idiota dentro de mí, que llora,
que llora y que no sabe, y mira
sólo la luz, la luz que no sabe.
Tengo al niño, al niño bobo, como parado
en Dios, en un dios que no sabe
sino amar y llorar, llorar por las noches
por los niños, por los niños de falo
dulce, y suave de tocar, como la noche.

Tengo a un idiota de pie sobre una plaza
mirando y dejándose mirar, dejándose
violar por el alud de las miradas de otros, y
llorando, llorando frágilmente por la luz.
Tengo a un niño solo entre muchos, as
a beaten dog beneath the hail, bajo la lluvia, bajo
el terror de la lluvia que llora, y llora,
hoy por todos, mientras
el sol se oculta para dejar matar, y viene
a la noche de todos el niño asesino
a llorar de no se sabe por qué, de no saber hacerlo
de no saber sino tan sólo ahora
por qué y cómo matar, bajo la lluvia entera,
con el rostro perdido y el cabello demente
hambrientos, llenos de sed, de ganas
de aire, de soplar globos como antes era, fue
la vida un día antes
de que allí en la alcoba de
los padres perdiéramos la luz.


                                                                                                                                                                                                      
 

 

Stéphane Mallarmé

 


Reseña biográfica

Poeta francés nacido en Paris en 1842.
Huérfano desde los siete años, estudió bachillerato en Sens y viajó a Londres para acreditarse como profesor de inglés. Muy joven empezó a escribir poesía bajo la influencia de Charles Baudelaire, alternando la labor literaria con su actividad académica en varios institutos franceses. A partir de 1871, ya instalado en Paris, se dio a conocer con las obras "Herodías" en 1869 y "La siesta de un fauno" en 1876.  En la década de 1880 ya era el centro de un grupo de escritores franceses en París, incluyendo a André Gide y Paul Valéry, a quienes él  comunicó sus ideas sobre el verso libre y la construcción del poema alrededor de un símbolo central. Fue uno de los pioneros del movimiento Decadente francés.
Antes de fallecer en Paris en 1898, publicó una antología denominada "Verso y prosa" en 1893, y el volumen de ensayos en prosa "Divagaciones" en 1897.

 

Aparición

La luna se entristecía. Serafines llorando
sueñan, el arquillo en los dedos, en la calma de las flores
vaporosas, sacaban de las lánguidas violas
blancos sollozos resbalando por el azul de las corolas,

Era el día bendito de tu primer beso.
Mi ensueño que se complace en martirizarme
se embriagaba sabiamente con el perfume de tristeza
Que incluso sin pena y sin disgusto deja
el recoger de su sueño al corazón que lo ha acogido.

Vagaba, pues, con la mirada fija en el viejo enlosado,
cuando con el sol en los cabellos, en la calle
y en la tarde, tú te me apareciste sonriente,
y yo creí ver el hada del brillante sombrero,
que otrora aparecía en mis sueños de niño
mimado, dejando siempre, de sus manos mal cerradas,
cien blancos ramilletes de estrellas perfumadas.

Angustia

Hoy no vengo a vencer tu cuerpo, oh bestia llena
de todos los pecados de un pueblo que te ama,
ni a alzar tormentas tristes en tu impura melena
bajo el tedio incurable que mi labio derrama.

Pido a tu lecho el sueño sin sueños ni tormentos
con que duermes después de tu engaño, extenuada,
tras el telón ignoto de los remordimientos,
tú que, más que los muertos, sabes lo que es la nada.

Porque el Vicio, royendo mi majestad innata,
con su esterilidad como a ti me ha marcado;
pero mientras tu seno sin compasión recata

un corazón que nada turba, yo huyo, deshecho,
pálido, por el lúgubre sudario obsesionado,
¡con terror de morir cuando voy solo al lecho!

Tristan Corbiere

Archivo:Tristan Corbiere portrait.jpg

 

Édouard-Joachim Corbière llamado Tristan Corbière (Coat-Congar de comuna francesa, Morlaix (Finisterre), 18 de julio de 1845 – 1 de marzo de 1875), donde vivió la mayor parte de su vida y donde fallecira de tuberculosis a la edad de 29 años.

Fue un poeta donde su trabajo fue poco conocido hasta que Paul Verlaine lo incluyó en su prosa poética de Los poetas malditos (poètes maudits); pero la recomendación de Verlaine fue suficiente para llevar su trabajo a la luz pública y establecerlo como uno de los maestros reconocidos del Simbolismo.

Su único trabajo publicado en vida apareció en Les amours jaunes, 1873. Es un libro de poemas en el que el lirismo descriptivo, el reflejo de la atracción que despertaron en el autor el océano y la tierra y la gente de Bretaña se unen a originales hallazgos formales, presididos por el sarcasmo, la crítica irónica y el espíritu de rebeldía.

Su poesia

El grito del ciego

El ojo del asesinado aún vive

Una púa lo perfora

Estoy clavado y sin ataúd

Me han enterrado un clavo en el ojo

Pero el ojo así clavado aún vive

Y una púa lo perfora

Deus misericors

Deus misericors

El martillo golpea la cabeza de madera

El mismo martillo que construirá la cruz

Deus misericors

Deus misericors

Las aves de rapiña

Miran atentas mi carne

Mi Gólgota aún no termina

Lamma lamma sabacthani

Las palomas de la muerte

Están sedientas de mí

Roja como una porta militar

La llaga luce al final

Como la encía babeante

De una anciana que desdentada ríe

La llaga luce al final

Roja como una porta militar

Veo círculos dorados ante mí

Son las mordidas del pálido sol

Tengo dos agujeros hendidos por un hierro

Encarnecido en la forja infernal

Veo círculos dorados ante mí

Son las mordidas del fuego celestial

Por mi médula viene retorciéndose

La lágrima a punto de surgir

Dentro se vislumbra el paraíso

Miserere, De profundis

Por mi cráneo viene retorciéndose

La azufrosa lágrima a punto surgir

Bendito sea el muerto bueno

El muerto salvado que duerme ya

Felices los mártires y los elegidos

que van tras su Virgen y su Jesús

Oh Bendito sea el muerto

el muerto juzgado que duerme ya

Desde aquí veo a un caballero

Que reposa sin ningún rencor

Descansa en el cementerio bendito

Bajo la siesta de granito

Desde aquí veo a un hombre de piedra

En su mirada no hay rencor

Oh, aún las siento

Tierras amarillentas de Armor

Aún siento el rosario entre los dedos

Y al Cristo de hueso clavado en la leña

Todavía me dejas boquiabierto

Cielo herido de Armor

Perdón, por llorar tan alto

Señor, pero tal es mi destino

Mis ojos son dos pilas de agua bendita hirviente

Donde Satán alguna vez los dedos clavó

Perdón por gritar tan alto,

Señor, contra la fe

Ya oigo al viento del norte

Que silba como un cuerno de caza

Es la llamada a la jauría espectral

Mi grito acompaña eso y más

El viento del norte,

La llamada del cuerno de caza...

Marceline Desbordes Valmore

Archivo:Marceline Desbordes-Valmore.jpg

Marceline Desbordes-Valmore

Marceline Desbordes-Valmore (Douai, 20 de junio de 1786 - 23 de julio de 1859) fue poetisa francesa.

Durantela Revolución francesa, se mudó con sus padres al archipiélago de Guadalupe.

En 1817, se casó con su segundo marido, el actor Prosper Lanchantin-Valmore.

En 1819, publicó su primer poema, titulado Élégies et Romances, además hizo varias apariciones como actriz y cantante en el Teatro Nacional de la Opéra-Comique y en el teatro La Monnaie

Su poesía es conocida por ser oscura y depresiva. Es la única mujer incluida en una de las secciones de Los poetas malditos de Paul Verlaine.

Obras

    * 1819 - Élégies et romances

    * 1825 - Elégies et Poésies nouvelles

    * 1830 - Poésies Inédites

    * 1833 - Les Pleurs

    * 1839 - Pauvres Fleurs

    * 1843 - Bouquets et prières

    * 1860 - Poésies posthumes (póstuma)

  

poemas

 

Renunciamiento.

Perdonadme, Señor, mi semblante afligido;
bajo la feliz frente colocasteis las lágrimas:
de tus dones, Señor, es el que no he perdido.

Don menos codiciado, quizá sea el mejor.
Yo ya no he de morir en vínculos de encanto;
os los devuelvo todos, ¡ay, adorado Autor
para mí sólo tengo la sal que deja el llanto!

A los niños las flores, a la mujer la sal;
para que limpiéis mi vida he de entregaros,
cuando esta sal, Señor, lave mi alma, lustral,
volvedme el corazón, para siempre adoraros.

Toda extrañeza mía del mundo de ha extinguido
y se despidió el alma dispuesta a volar
para alcanzar el fruto, al misterio cogido,
que la púdica Muerte sólo ha de cosechar.

Señor, con otras madres sé tierno mientras tanto,
por la tuya y por lástima de esta pena que ves...
Bautízales los hijos con nuestro amargo llanto
y levanta a los míos caídos a tus pies.

Los sollozos.

¡El infierno está aquí! El otro no me asusta.

Empero, el purgatorio mi corazón disgusta.

De él me han hablado mucho y su nombre funesto
en mi corazón débil ha encontrado su puesto.

Cuando la ola de días va agostando mi flor,
el purgatorio veo al perder el color.

¡Si es cierto lo que dicen, es preciso ir allí,
Dios de toda existencia, para llegar a ti!

Allí habrá que bajar, sin más luna ni luz
que el peso del temor y del amor la cruz.

Para oír cómo gimen las almas condenadas
sin poderles decir “¡Estáis ya perdonadas!”

¡Dolor de los dolores; no poder agotar
los sollozos que intentan por doquiera brotar!

De noche tropezar en celdas intranquilas
que ningún alba tiñe con sus claras pupilas.

Ni poder decir al Señor incomprendido:
“¡Ay, Salvador de mi alma!, ¿es que aún no has venido?”

Me escondo; tengo miedo de tener miedo y frío,
como el ave caída teme por su albedrío.

A un recuerdo mis brazos vuelvo a abrir tristemente,
y mi alma más cercana el purgatorio siente.

Sueño que estoy en él, tras la muerte llevada,
como una esclava indócil, al fin de la jornada,

cubriendo con las manos el semblante abatido,
pisando el corazón, por tierra malherido.

Allí voy; precediéndome, mi llegada proclamo
y no oso desear nada de lo que amo.

Y este corazón mío no tendrá más dulzura
que los lejanos ecos de su antigua ventura.

Cielos, ¿adónde iré
sin pies para huir?
¿Adónde llamaré
sin llave para abrir?

Mientras el fallo eterno rechace mi plegaria
no arderá ante mis ojos ninguna luminaria.

No he de ver más escenas mundanas y horrorosas
que abatan mis humildes miradas dolorosas.

¡No gozaré del sol! ¿Por qué?... La luz querida
para el mal en la tierra, empero, está encendida.

Ve el culpable que a la horca su delito conduce
el saludo del orbe que se divierte y luce.

¡En los aires no hay pájaros! ¡No hay fuego en el hogar!
¡Y ni un Ave María reza el aura al pasar!

Para el junco del lago no hay un soplo viviente
ni aire para que exista un átomo viviente.

Ni el zumo de las frutas que ofrecen su frescura
al ingrato, tendré en mi sed y calentura.

Del corazón ausente que me hará padecer
acumularé el llanto que no puedo verter.

Cielos, ¿adónde iré
sin pies para huir?
¿Adónde llamaré
sin llave para abrir?

¡No más recuerdos de esos que me embargan de llanto
tan vivos, que viviera yo siempre de su encanto!

¡No más familia dulce, sentada en el umbral
que bendice cantando el sueño patriarcal!

¡Ni más voz adorada, cuya gracia invencible
hasta la Nada absurda tornaría sensible!

No más libros divinos desde el cielo exfoliados,
conciertos para el alma por la vista escuchados.

Y no osando morir tampoco oso vivir
ni buscar en la muerte quién me ha de redimir.

¿Por qué hay sobre las cunas, padres, la flor de un hijo
si al árbol y al arbusto siempre el cielo maldijo?

Cielos, ¿adónde iré
sin pies para huir?
¿Adónde llamaré
sin llave para abrir?

¡Bajo la cruz se inclina el alma prosternada,
del dolor de nacer con morir castigada!

Mas no tengo en la muerte si me siento expirar
ni una lejana voz que aconseje esperar.

¡Si en el cielo apagado alguna estrella pálida
esta melancolía besara con luz cálida!

¡Si bajo las sombrías bóvedas del horror
viera cómo me ven dos ojos con amor!

¡Ay, sería mi madre, intrépida y bendita,
que bajaría a ver a su hija precita!

¡Sí; mi madre podría al Dios justo ablandar
y ella me sacaría del horrible lugar!

De la esperanza joven alzara el fuerte viento
al fruto derribado por tanto sufrimiento.

Sentiría sus brazos, dulces, fuertes y hermosos,
arrastrarme, abrazada con ímpetus briosos.

El aire auxiliaría a mis alas nacientes
como a las golondrinas libres e independientes.

Huiría para siempre, pues mi madre al partir
viva me llevaría hacia lo porvenir.

Mas antes de pasar las mortales fronteras
otras almas quisiéramos tener por compañeras.

Y en aquel campo fúnebre en que dejaba flores
y el aroma que exhalan los llantos de dolores

caeríamos, solícitas, entusiastas y ardientes,
gritando “¡Acompañadnos!” a las almas dolientes.

“¿Venís hacia el estío en que ha de retoñar
el amor en que no hay que morir ni llorar?

¡Con Dios y sus palomas venid en santos vuelos!
¡Dejad vuestros sudarios; no hay tumbas en los cielos!

¡El sepulcro está roto por la eterna pasión!
¡Mi madre nos concibe en la eterna mansión!”