jueves, 24 de enero de 2008

Siwa y el oráculo de Amón

 

 

Siwa y el or찼culo de Am처n

Egipto siempre ha llamado la atención de arqueólogos, investigadores e historiadores, esos mismos que han pisado su ardiente tierra en busca de hallazgos que ayudaran a descifrar los secretos de esta misteriosa civilización. Sin embargo hay lugares que quedan fuera de ruta… Hacia el Oeste, en la inmensidad del desierto, existe un lugar que guarda celosamente múltiples enigmas: el oasis de Siwa.

 

Me encuentro en Alejandría y tras varias jornadas en esta ciudad, tumbado en el viejo camastro del hotel, observo cómo los primeros rayos de Sol se filtran por las rendijas de la ventana. Me despierto con inquietud, la que siempre aparece ante el inicio del camino. Tras más de dos meses recorriendo el país de los faraones, me propongo llegar a un mítico lugar, desconocido para el gran público: el oasis de Siwa. Mientras guardo mis pertenencias en la mochila, camino hacia la cornisa que se asoma a las aguas del mar Mediterráneo, y a mi memoria vienen las palabras de Plutarco; cuenta que Alejandro Magno conoció el emplazamiento de la ciudad por medio de Homero, que se le apareció en sueños y pronunció estos versos: "Una isla hay en el mar profundo, enfrente del Egipto fecundo, que por el nombre de Faros es conocida", e imagino a Alejandro en el mismo lugar hace más de 2.000 años preparándose para emprender el mismo camino…


A través de la ventanilla del autocar que me lleva hacia el oasis, vislumbro las azules aguas del Mediterráneo; paso por enclaves que hoy en día han perdido el encanto que antaño guardaban, como la ciudad de Al-Alamein, famosa por la batalla del mismo nombre que tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial. También mi periplo me lleva a Marhsa Mastruh, antiguamente llamada Paretonion, donde Alejandro Magno se detuvo en su camino hacia Siwa. Éste era el lugar preferido por Cleopatra VII para descansar de su agitada vida en Alejandría, y fue también fondeadero de la flota egipcia durante la guerra que Octavio mantuvo contra Marco Antonio y Cleopatra. De eso hoy sólo quedan en pie las ruinas de un muelle de la antigua laguna sobre la que se alza la urbe. Más adelante a unos seis kilómetros al oeste está el baño de Cleopatra, una piscina natural excavada en la roca concebida para que la reina se refrescara.

Pero a첬n quedan mucho por recorrer, y la 첬nica visi처n que me acompa챰a es el intenso azul del cielo y las doradas arenas del desierto. Sentado c처modamente, no sufro las penurias que padecieron Alejandro y su ej챕rcito, que tardaron varias jornadas en atravesar estas inh처spitas tierras, enfrent찼ndose al calor y al desfallecimiento, pero una vez m찼s una extra챰a energ챠a guiaba los pasos del conquistador macedonio.

Shali, un pueblo anclado en el pasado

 

 

 


Cuando llego a mi destino la luna me proporciona una maravillosa imagen de las ruinas de la antigua ciudad de Shali. Sus derruidas construcciones de adobe crean una imagen fantasmag처rica recort찼ndose contra el cielo.

La vida se organiza alrededor de la plaza; all챠 los comerciantes venden sus mercanc챠as, y los peque챰os hoteles y posadas ofrecen sus servicios. Espero a que los lugare챰os me aborden con mil y una ofertas, pero no es as챠; solo alguno que otro se acerca y con gran amabilidad me ofrece su ayuda. Este lugar es diferente al resto de Egipto.

El aislamiento ha preservado al oasis de la marabunta de turistas que ha invadido el pa챠s, y gracias a ello se descubre una forma de vida muy dif챠cil de encontrar hoy en d챠a.

Las tradiciones y costumbres se han mantenido generaci처n tras generaci처n de forma firme logrando que sus habitantes no hayan sido contaminados por las costumbres que los extranjeros exportan, situaci처n que en tantos lugares ha hecho perder la identidad de muchos pueblos.

La mezcolanza es palpable en la fisionom챠a de los lugare챰os, confirmando con ello el trasiego de los pueblos que por all챠 pasaron; beduinos, ber챕beres e inclusos gentes del norte de Europa pisaron estas tierras. Dada su estrat챕gica situaci처n, durante d챕cadas fue un punto de referencia en la ruta de los mercaderes que, camino de Libia o Sud찼n, se deten챠an en el oasis. Por ello no es extra챰o ver habitantes con rasgos 찼rabes, ojos claros, y rubios cabellos, mostrando claramente la herencia de sus antepasados. La presencia del albinismo confirma claramente que 챕ste fue lugar de encuentro y mestizaje.

Pero sobre todo Siwa es un compendio de influencias libias, griegas y egipcias. En un momento en el que la civilizaci처n helena se estableci처 en el delta del Nilo, la interconexi처n de culturas facilit처 el emerger de una rica civilizaci처n plena de elementos que conjugados dieron forma a la singularidad del oasis.

En la actualidad la poblaci처n del enclave est찼 compuesta por unos 10.000 habitantes, repartidos en nueve tribus descendientes de los ber챕beres Sanata, practicantes del islam m찼s ortodoxo y oculto.

La ley extrema limita a las mujeres a ir ataviadas como fantasmas, cubiertas de la cabeza a los pies con chales distintivos del oasis. S처lo puedo ver sus manos, que sujetando el chal, permiten atisbar los tatuajes de henna que las decoran. Condicionadas por la tradici처n jam찼s salen de su hogar solas, siempre unidas a la figura masculina, sea adulto, joven o ni챰o, convertidos en guardianes que no permiten que ning첬n otro var처n que no sea de la familia vea a sus mujeres. Y es que viven por y para el islam.

Por todo esto, no me resulta tan sorprendente que en el mercado semanal, igual a cualquier otro de Egipto, repleto de puestos de frutas y verduras, donde las especias llenan de olores el ambiente, y los comerciantes vociferan el estado de sus mercanc챠as, no vea a ninguna mujer, ni vendiendo ni comprando; 첬nicamente los hombres trabajan en 챕l.

Charlando con Ahmed, –que poco después se prestaría a servirme de guía– descubro que hasta hace relativamente poco tiempo eran comunes los matrimonios entre hombres, que los jóvenes eran incitados a mantener relaciones sexuales entre hermanos, o que los campesinos que se ocupan de la recolección de dátiles y aceitunas debían mantener el celibato hasta los 40 años.

El or찼culo

 

 


Recordando la figura del conquistador, enfilo el camino que me llevar찼 desde el centro del pueblo hacia el templo. Durante el camino pienso en la historia del macedonio. Dejo volar la imaginaci처n sinti챕ndome part챠cipe de aquel glorioso momento y sin darme cuenta, la recortada figura del citado templo aparece ante mis ojos.


El pueblo de Arghumi se encuentra a sus pies, y el enclave sagrado est찼 situado en lo alto de un pe챰asco. La ascensi처n es f찼cil pues una rampa me conduce hasta la puerta de entrada. Camino hacia el interior dando cuenta del lamentable estado del lugar. Gracias a la estela de Amasis su construcci처n fue datada hacia la XXVI Dinast챠a, en el siglo VI a. de C. Pese a su antig체edad y apariencia, el recorrido por el recinto merece la pena. Una sosegada calma me rodea, me permite disfrutar del emplazamiento. A la luz del atardecer las piedras adquieren una espl챕ndida tonalidad rojiza, dando un aspecto grandilocuente y misterioso al m찼gico enclave. Camino entre sus viejos muros dirigi챕ndome hacia lo que queda de la fachada del templo, donde se pueden observar las columnas del m찼s puro estilo egipcio helenizado que bordean la entrada al santuario. A continuaci처n un estrecho pasillo conduce hasta el lugar donde el sacerdote del templo realizaba sus predicciones.

Tras visitar este maravilloso y onírico lugar me adentro en el palmeral y allí me espera una grata sorpresa, Ain al Hamman, la fuente más famosa del oasis, conocida también como los baños de Cleopatra. Sus cristalinas aguas son una tentación para darme un chapuzón, sintiéndome participe de la lujosa vida de la más famosa reina de Egipto. Es un buen momento para reflexionar, para comprender que en este lugar el oráculo habló –y puede que lo siga haciendo–, para pensar que quizá bajo mis pies se halle la tumba del semidios, el emperador más místico y grande de todos los tiempos… Es hora de poner las ideas en orden, y de pensar en la siguiente parada…

 

3 comentarios:

  1. ajajaj muy bueno el informe amiga, jajaj me dan ganas de ir a pesar de que no soporto el calor ajaj

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  2. Interesante, me gusto. Pero me perdi en ese desierto. 쩔Cual de las imagenes en el templo de Siwa?

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  3. Muy bueno tu informe Anubis  , pero dime si no tienes fotos del interior del templo; recuerdo la filmación  que hicieron con tu papá pero no se si  sacaron fotos, si así es postelas pequeña sera bueno ver parte de interior      

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